A veces uno expresa un ruego, una petición, que se eleva al aire con esperanzas, pero sin la certeza de una respuesta positiva. Pasa el tiempo y la ilusión inicial se va diluyendo imperceptiblemente y no queda más remedio que rendirse ante la evidencia de que "ya no será”. Hasta que, un día cualquiera, tenemos noticias de haber sido escuchados. Entonces la alegría tiene la significación de una sorpresa agradable y decimos "por fin, se nos dio”. Esto viene a cuento de saber que el dúo Minguez – Barboza volverá a cantar. Así, sin una preparación previa, cayó esta información en una edición reciente de DIARIO DE CUYO, y la voz corrió entre quienes amamos la música cuyana y veíamos muy lejana la posibilidad que volvieran a las tablas. Hace un par de meses, cuando los vimos también de manera imprevista en un programa de "La Ventana”, fuimos una más de las muchas voces que pidieron que eso no quedara allí, y se diera el milagro de su retorno. La imagen admirada del dúo pocitano, se agrandó aún más con el imprevisto cese de sus actuaciones. La desazón nos invadió y al pasar los años, se hizo más remota la posibilidad del regreso. Me animé entonces a expresar en estos versos, aquella nostalgia por una ausencia que parecía consolidada, a modo de homenaje. Le puse el ritmo de una cueca y me di el gusto, en una reunión familiar en su "rancho”, de cantársela al Pelufo, lo que fue motivo de honda emoción para mí. Humildemente, y con licencia por sus seguras deficiencias poéticas, transcribo la letra de lo que denomine "Al dúo Minguez – Barboza”.
