En la Nochebuena nos reuniremos para compartir en familia el recuerdo de aquella venida de Jesús al mundo. En esta noche el centro no es la comida y la bebida. El centro es Dios, que se hace Niño en la pobreza de la carne humana. Jesús, José y María son el cuadro para contemplar. Nuestros ojos se dirigen a ellos, para que avivando la fe en nuestro corazón, descubramos una y otra vez que Dios está junto a nosotros. Vivir la Navidad es descubrir que nuestra vida humana tiene brillo y sentido, porque Dios vino a estar en medio de los hombres. Es una noche espiritual de encuentro con Dios, con los hermanos y nosotros mismos. Es muy aconsejable orar en familia y repasar en el corazón las vivencias. San Atanasio nos dice: "la divinidad se hizo humanidad para que la humanidad se haga divina". La liturgia de la Iglesia afirma: "Dios siendo grande se hizo pequeño, siendo fuerte se hizo débil, siendo rico se hizo pobre". En el prólogo del evangelio según San Juan nos dice en 1,14: "El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". Jesús es el "Verbo del Padre", es decir, la Palabra del Padre pronunciada al mundo.
