Fue una tragedia que dejó más de 10.000 muertos, desaparecidos, familias desmembradas, no solo por la pérdida de vidas, sino porque muchos emigraron a distintos puntos de país. Historias heroicas de personas que se jugaron la vida para salvar a otras en medio de los latigazos que daba la tierra en su descontrol. Personas que estaban en medio de una ceremonia religiosa uniéndose en matrimonio que no lograron cumplir sus sueños. Y tantas historias que contaron quienes quedaron con vida.
San Juan supo capitalizar esa tragedia. Fue por obra de Dios, de la fe de este pueblo que elevó infinidad de plegarias por ayuda que, con el transcurrir del tiempo transformó a esa ciudad pequeña o aldea, como algunos le llamaban, en la ciudad más moderna y segura del país. La que llegó a tener una de las mejores facultad de Ingeniería del país, los mejores ingenieros y arquitectos. La ciudad donde se respira cultura y muchas cualidades más, cuyas raíces fueron los desgraciados instantes que duró el sismo que se llevó la vida de tantos sanjuaninos.
Será que, como el Ave Fénix, San Juan resurgió de esas cenizas tan dolorosas para convertirse en una ciudad cada vez más pujante y cuya arquitectura moderna y espaciosa denota mayor seguridad edilicia como confortable.
Si los sanjuaninos que fueron protagonistas de ese horror que significó el terremoto del 15 de enero miraran hoy a este San Juan, sin dudas se sentirían emocionados. Porque si de algo sirvió aquella dolorosa tragedia fue para que los hijos de esta tierra no se rindieran, sino que trabajaran para hacer la ciudad moderna que es hoy. Y, porque las siguientes generaciones, nunca olvidan a esos sanjuaninos que sufrieron el apocalipsis, para convertir esta tierra en un ejemplo de vida y progreso que siempre los tendrá en su memoria.
Por José Correa
DIARIO DE CUYO

