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DERECHO

El derecho argentino frente a la modernidad

Por Rodrigo Metola San Nicolás 4 de julio de 2026 - 05:30

Por Rodrigo D. Metola San Nicolás - Abogado

El derecho no es un monumento de piedra o una estatua, es una herramienta viva que debería acompañar la evolución de la sociedad. Sin embargo, en algunos casos nos encontramos atrapados en códigos o leyes redactadas hace varias décadas, en procedimientos judiciales pensados para un mundo analógico y en conceptos jurídicos que son ajenos a una realidad digital, globalizada y sumamente cambiante del siglo XXI.

La consecuencia es clara: un sistema que se vuelve anticuado, incapaz de dar respuestas ágiles y que muchas veces termina siendo un obstáculo en lugar de una garantía. ¿Cómo puede un proceso judicial así resolver con eficacia conflictos que nacen en plataformas digitales, en contratos internacionales instantáneos o en disputas por datos personales? La justicia que tarda años en dictar sentencia es, en los hechos, una justicia que no llega o no sirve.

La modernización del derecho no significa renunciar a los principios fundamentales como la justicia, igualdad o seguridad jurídica, sino reinterpretarlos con una óptica contemporánea, como por ejemplo: la propiedad privada debe dialogar con la función social y con los reclamos de los pueblos originarios; el derecho laboral debe adaptarse a la economía de plataformas y a la precarización digital; o el derecho penal debe resistir la tentación del populismo punitivo que confunde justicia con venganza.

Fenómenos modernos como el uso de la inteligencia artificial en la administración pública y justicia, el debate sobre la privacidad de los datos, la biotecnología y los derechos ambientales desbordan los marcos normativos tradicionales. Si el derecho no se adecúa, corre el riesgo de convertirse en un museo: un conjunto de normas obsoletas que nadie respeta porque no sirven para resolver los problemas reales del día a día.

Un juicio que dura diez años no es más garantista que uno que dura dos… es simplemente más injusto. Como sociedad, o seguimos atrapados en la letra muerta de normas obsoletas, o construimos un derecho vivo, capaz de responder a los desafíos de nuestra época. Un juicio que dura diez años no es más garantista que uno que dura dos… es simplemente más injusto. Como sociedad, o seguimos atrapados en la letra muerta de normas obsoletas, o construimos un derecho vivo, capaz de responder a los desafíos de nuestra época.

El desafío es realmente grande y abarcativo: actualizar las normas y la cultura jurídica. No alcanza con reformar códigos si los operadores del derecho siguen aferrados a prácticas burocráticas, lentas y a un lenguaje incomprensible. La justicia debe ser ágil, transparente y cercana a la ciudadanía. Debe abandonar el formalismo vacío y convertirse así en un servicio público eficiente, moderno y activo.

La resistencia a la modernización suele disfrazarse de "defensa de las garantías". Pero, en muchos casos, mantener estos procedimientos arcaicos no protege derechos, sino que los vulnera. Un juicio que dura diez años no es más garantista que uno que dura dos… es simplemente más injusto. Como sociedad, o seguimos atrapados en la letra muerta de normas obsoletas, o construimos un derecho vivo, capaz de responder a los desafíos de nuestra época.

La Argentina necesita un derecho que deje de mirar a un pasado colonial y empiece a pensar en un futuro globalizado. Un derecho que no sea un museo de doctrinas viejas o bibliotecas llenas de palabras sin sentido, sino un instrumento eficaz para garantizar la convivencia en un mundo que cambia todos los días. La modernización en el derecho no es un delirio juvenil: es una urgencia democrática.

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