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REFLEXIONES POLÍTICAS

La Odisea malvinera de Milei, el Ulises libertario

Por Carlos Salvador La Rosa 6 de septiembre de 2026 - 05:30

Un gran viraje en el tema Malvinas llevó a un presidente escéptico o cuando menos indiferente sobre la causa referida a la recuperación de las Islas, a convertir-se en una versión siglo XXI de aquel Ulises que con sus huestes griegas sitió Troya durante una década hasta que logró penetrar en ella.

Esta semana, por cadena nacional, Javier Milei dio inicio al sitio de Malvinas, con el objetivo similar al de Ulises, de algún día poder avanzar sobre los territorios malvinenses. Aunque eso sí, esta vez sin violencia. En abril de 2025, Milei dio una opinión que se acercó bastante, sin llegar a serlo del todo, a la teoría de la autodeterminación de los isleños, cuando dijo: “Buscamos ser una potencia, a punto tal que ellos (los kelpers) preeran ser argentinos, que no haga falta usar la disuasión o el convencimiento para lograrlo”.

En realidad, con autodeterminación o no, a Milei la causa Malvinas no era algo que le preocupara, no estaba en sus coordenadas ideológicas libertarias, tan dogmáticas y alejadas años luz de cualquier tipo de nacionalismo. Esa posición la mantuvo, por lo menos, hasta el partido que Argentina le ganó a Inglaterra en el Mundial de este año, cuando al nal los jugadores argentinos exhibieron en la cancha una especie de bandera donde estaba escrito que “Las Malvinas son argentinas”.

Frente a eso, las primeras reacciones de Milei fueron que el reclamo de soberanía debía cana-lizarse estrictamente por la vía diplomática. Sin embargo, cuando descubrió que los argentinos simpatizaban con el gesto malvinero de los jugadores, Milei entró en pleno proceso de transformación al ir descubriendo que el nacionalismo no era tan malo como él pensaba, al menos para sus objetivos políticos. Y lo empezó a mirar con simpatía.

Bastó con que el presidente Donald Trump insinuara que no estaba seguro de seguir apoyando a Gran Bretaña en el tema Malvinas para que el presidente argentino se convirtiera en lo que es desde esta semana: el máximo defensor de la causa malvinera. Por supuesto que en su discurso buscó conciliar lo que había dicho en abril de 2025 con lo que dice ahora: que ya están dadas las condiciones objetivas por las cuales es más conveniente para los isleños ser argentinos que ingleses, porque luego de casi tres años de gestión mileista ya somos superiores a los británicos en todo. Milei sinceramente cree -y siempre creyó- que todo lo que él hace y piensa es lo mejor del mundo (esa no es una convicción que él basa en datos fácticos, sino que es una estructura de pensamiento inmodicable). Por ende, frente a las declaraciones de Trump de que posiblemente lo apoyaría en el tema Malvinas, dijo que, en menos de tres años de su gestión, la Argentina ya había triunfado, que ya había superado a Inglaterra. Sin embargo, algo falló en su teoría en lo que se reere a su infalibilidad: que pese a haber superado en todo a Inglaterra, los kelpers se siguen negando a rendirse a nuestros pies.

Pero ese ya no es un problema nuestro, sino de ellos. Por lo tanto, de lo que se trata es de iniciar el sitio de Malvinas, no para ocupar de forma vio-lenta las islas como en la antigüedad hicieron los griegos con Troya o Galtieri en 1982, sino para aislar a Malvinas todo lo posible de Argentina y del resto del mundo, a n de obligarlos a que tarde o temprano (sean los kelpers o sea el gobierno inglés, o sean ambos, lo mismo da) se avengan a negociar con nosotros.

Para eso contamos con el apoyo invalorable de Trump, que no es como el que Reagan simuló ofrecerle a Galtieri.

Es muchísimo más. Trump y Milei son un solo corazón. Y con el tiempo, no sólo los presidentes, sino los dos países serán el uno para el otro. Y eso por varias razones:

Primero, ya no existe competencia entre lo que produce Argentina y Estados Unidos como venía ocurriendo hasta hace muy poco. Ahora somos más complementarios que competidores.

Segundo, Trump es quizá el primer presidente norteamericano que ha decidido tomar en serio a América Latina, por eso hizo lo de Venezuela (aunque relativo, quizá su único éxito internacional hasta la fecha). Junto al apoyo por demás excepcional que le ofreció a Milei para que ganara las elecciones de medio término el año pasado.

Tercero, Milei se ha convertido en su general en jefe latinoamericano, el que recluta presidentes trumpistas, sean libertarios o no, para ponerlos al servicio de la corona imperial y cada día suma uno más. Ni que decir si sumara Brasil. Por lo tanto, las razones objetivas para que Trump se la juegue por Milei son innitamente superiores a las que tenía Reagan para jugarse por Galtieri.

Es sobre estas premisas que Milei se acaba de transformar en un nacionalista acérrimo, que ha iniciado el sitio de Malvinas. En n, que estamos asistiendo a un curioso experimento político internacional donde la Argentina es un actor principalísimo, del cual nadie tiene la menor idea de cómo terminará. Y frente a circunstancias tan extraordinarias, que Milei quiera sacar algún provechito político electoral circunstancial con tamaña transformación ideológica y política, es un tema muy menor. Sobre todo, en el interior de su mente, donde ya debe estar pensando que, si todo sale bien, de ser comparado con Ulises, podrá pasar a devenir un alter ego de Napoleón o Alejandro Magno, cuando menos.

A partir de la reciente cadena nacional, el presidente Javier Milei acaba de iniciar el sitio de Malvinas, tal cual en su momento Ulises encaró el sitio de Troya. Estamos viviendo un momento histórico crucial. El tiempo determinará si lo viviremos como triunfo, como tragedia o como farsa.

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