26 de octubre de 2026 - 04:00

Las computadoras escolares son un bien público que no puede terminar en el mercado ilegal

La venta de equipos del programa Maestro de América revela una grave falta de responsabilidad y exige sanciones para proteger la igualdad educativa.

La detección de computadoras entregadas por el Gobierno de San Juan a estudiantes, ofrecidas ilegalmente en redes sociales y plataformas de compraventa, constituye un hecho que merece el más enérgico rechazo. No se trata solamente de una transacción irregular, sino de una conducta que desvirtúa el sentido de una política pública destinada a ampliar las oportunidades educativas y reducir la brecha digital entre los alumnos de la provincia.

El programa Maestro de América, Cultivando el Futuro, fue concebido para proporcionar herramientas tecnológicas a los estudiantes y favorecer mejores condiciones de aprendizaje. Cada equipo representa una inversión de recursos públicos y un compromiso con la formación de las nuevas generaciones. Por eso, su comercialización indebida no puede interpretarse como un asunto privado ni como una decisión familiar sin consecuencias para el conjunto de la sociedad.

La gravedad del caso aumenta al conocerse que muchas de las publicaciones detectadas provendrían de los propios adultos responsables de los beneficiarios. Son personas que, al retirar las computadoras, firmaron actas de compromiso para garantizar su utilización con fines estrictamente pedagógicos. Incumplir esa obligación supone desconocer una responsabilidad asumida y perjudicar directamente a los estudiantes para quienes fueron destinados los dispositivos.

La decisión oficial de bloquear remotamente los equipos identificados constituye una respuesta concreta y necesaria. La vinculación de cada computadora con un número de serie y con el tutor responsable permite inhabilitarla cuando se detecta su comercialización irregular. Asimismo, la advertencia de que no se repondrán los dispositivos vendidos establece un límite razonable frente a conductas que no deben generar nuevas erogaciones para el Estado.

Sin embargo, la respuesta tecnológica y administrativa debe complementarse con una investigación judicial rigurosa. Las actuaciones remitidas a la Policía y a la Justicia deberán determinar quiénes participaron en estas operaciones, establecer las responsabilidades correspondientes y esclarecer si existen intermediarios dedicados a adquirir equipos a bajo precio para revenderlos. La aplicación de las sanciones que correspondan será fundamental para evitar que estas prácticas se repitan.

También resulta indispensable fortalecer los mecanismos de control, mejorar la información que reciben las familias y promover una mayor conciencia sobre el valor de los bienes públicos. La educación no puede limitarse a entregar herramientas: requiere compromiso, responsabilidad y respeto por los objetivos colectivos.

Cuando una computadora destinada a un alumno termina ofrecida en el mercado informal, se perjudica mucho más que un programa gubernamental. Se vulnera una oportunidad de aprendizaje y se debilita la confianza social en las políticas de inclusión.

Los recursos públicos deben servir para abrir puertas al conocimiento, no para alimentar negocios ilegales. Defender ese principio exige controles efectivos, sanciones y una conducta responsable de toda la comunidad.

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