El episodio nunca fue reconocido oficialmente, pero en 2003 el cineasta español Jesús Mora consiguió que el entonces presidente español, Leopoldo Calvo Sotelo, y el jefe de la Armada argentina, almirante Jorge Anaya, confirmasen la existencia de la "Operación Algeciras", título del documental.
Mora localizó al principal protagonista de la historia y, a través de su testimonio y de otras fuentes, reconstruir la peripecia de un comando integrado por tres montoneros y un ex teniente de navío del espionaje argentino.
Máximo Nicoletti, personaje central de la película, parecía predestinado para el papel de la "Operación Algeciras": su padre fue buzo táctico italiano durante la II Guerra Mundial. Heredó la profesión y el gusto por la aventura; militante de la izquierda peronista, en la clandestinidad entre 1972 y 1977, en 1975 colocó un explosivo que dañó seriamente el destructor "Santísima Trinidad". Detenido, en 1976, en la tristemente célebre Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), su inusual perfil llamó la atención de algún oficial.
Esto y el hecho de que se ofreció a colaborar con los militares, le permitió salvar su vida y viajar a Miami, donde estaba el 2 de abril de 1982, cuando Argentina invadió Malvinas. Nicoletti fue citado inmediatamente a Buenos Aires, donde la Marina le propone encabezar un grupo para ir a España y volar algún barco británico en Gibraltar, desde donde en esos momentos partía la fuerza británica para recuperar Malvinas. No fue la primera misión: en 1978, durante el conflicto argentino-chileno por el Canal del Beagle, le pidieron estudiar la posibilidad de un atentado similar, que se frustró cuando la gestión papal puso fin al diferendo.
En cambio, en 1982, la mediación de Juan Pablo II fracasa y el 11 de abril de 1982 Nicoletti llega a España con otros dos ex guerrilleros: "Diego, el Pelao" y "El Marciano", que colaboraron con él en el ataque al "Santísima Trinidad". Viajan con pasaportes falsos -fabricados por montoneros- al mando de un agente del espionaje, el ex-teniente de navío Héctor Rosales. Saben que, si son detenidos, no tendrán apoyo y serán considerados guerrilleros.
"Mis instrucciones -declaró años después el almirante Anaya- eran que no hiciesen nada que pudiera perjudicar a España y atacar sólo buques de guerra bajo pabellón británico". Un contacto de la embajada argentina en Madrid les proporciona los explosivos y viajan hacia el sur para observar las rutinas en Gibraltar.
"Cada vez que veíamos un potencial objetivo, Héctor telefoneaba a Buenos Aires a pedir autorización. El 2 de mayo entraron en el puerto una fragata misilera y un buque de transporte militar, pero no nos dieron luz verde porque en aquel momento estaban negociando", recordó Nicoletti. Sin embargo, esa misma noche el submarino nuclear "Conqueror" hundió el crucero "General Belgrano", causando la muerte de 323 marinos.
El 30 de mayo, España ingresa en la OTAN; ese día, una corbeta británica entra a Gibraltar y los comandos argentinos deciden actuar al día siguiente. Pero esa mañana son detenidos por la policía española… por casualidad: buscaban a unos ladrones de bancos argentinos y el hecho de que alquilaran tres vehículos y renovasen el alquiler cada semana les hizo sospechar. Sin embargo, las autoridades españolas sabían del comando, según el periodista británico Nigel West, autor del libro "La guerra por las Falklands".
West dice que el espionaje británico interceptaba comunicaciones entre la Embajada argentina y la Cancillería en Buenos Aires, y sabían del complot, aunque ignoraban los participantes, identidades, donde se alojaban o cuándo iban a actuar. Lo informaron a las autoridades españolas, pero no está claro que el aviso se convirtiese en búsqueda operativa. Esto no se pudo confirmar. "Cuando preparaba la película -dijo Jesús Mora-, el entonces director de Policía, Agustín Díaz de Mera, alegó que la operación nunca existió". "Pero -añadió- localicé y hablé con algunos policías que participaron en ella; es más, Calvo Sotelo me contestó por escrito: ‘tengo memoria de aquel incidente, que se resolvió satisfactoriamente, pero que pudo ser muy grave’".
Según Nicoletti, salieron de Málaga en el mismísimo avión en que Calvo Sotelo regresaba a Madrid tras un mitin de UCD en Málaga … dejando en tierra a los escoltas que cedieron sus asientos al comando argentino. De allí, viajaron a Canarias acompañados por los policías y, ya solos, siguieron viaje Tenerife-Buenos Aires. Para salir de España, utilizaron los mismos pasaportes falsos con los que entraron.
El incidente se saldó a satisfacción: los argentinos porque, aunque no lograron su objetivo, no se vieron envueltos en ningún escándalo; los españoles evitaron problemas con sus recién estrenados socios en la OTAN sin tener que enfrentarse con sus hermanos latinoamericanos. ¿Y los británicos? Según West, felices también porque consiguieron salvar -y seguir utilizando durante un tiempo- su fuente informativa dentro de la Embajada argentina en Madrid.
Según Anaya si la "Operación Algeciras" hubiera funcionado, nadie hubiese culpado a Argentina: "Todos habrían sospechado de la Unión Soviética, de los islámicos del Líbano, o de Gadafi".
