Por Rosendo Fraga – Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
La Administración Trump sigue manejando con éxito su política “dual” respecto a Venezuela. Desde el punto de vista económico, Trump, como si fuera el presidente del país, sigue manejando la inversión, explotación y comercialización del petróleo de Venezuela, que va recibiendo sus dividendos aunque sean menores a lo esperado. Los números macroeconómicos venezolanos siguen siendo menores a lo esperado y los inversores se muestran cautos. Pero la fuerza que tiene para Venezuela ser el primer país del mundo por el volumen de sus reservas petrolíferas va teniendo sus efectos. Las principales empresas petroleras occidentales tanto de Estados Unidos como de Europa han sido convocadas por el gobierno norteamericano para que inviertan en el país, no sólo para que comercien. En realidad, Venezuela está funcionando con la garantía económica de Trump, no con la de Delcy Rodríguez, quien sigue a cargo formalmente del gobierno del país. Es un sistema muy particular que recuerda el de los imperios occidentales del siglo XIX en Asia, África y Oceanía. Solían delegar el ejercicio del gobierno a países que mantenían cierto poder, mientras que la potencia imperial manejaba la economía, las relaciones exteriores y eventualmente los conflictos militares internacionales. Es con esta lógica que puede entenderse lo que hoy sucede en Venezuela. Mientras tanto, ha sido liberado aproximadamente sólo la mitad de los presos políticos (seiscientos).
Simultáneamente, la Administración Trump mantiene el control de las fuerzas armadas y de seguridad locales, las que garantizan el orden necesario para la explotación, inversión y el comercio de materias primas. Fue la fórmula que utilizó el Reino Unido para amplias regiones del mundo, como fue la India, Pakistán y Bangladesh, entre otros. Se delegaba el manejo interno en autoridades locales, las cuales recibían parte de esas ganancias y garantizaban el orden público. Era un sistema que por lo general funcionaba, pero que tenía crisis internas que hacían intervenir a tropas del gobierno británico o de las empresas privadas que trabajaban en el país. Fue un sistema que funcionó para el Imperio Británico durante siglos. La dualidad entre la economía y la política se mantenía, pero el poder en última instancia lo tenía en sus manos la potencia colonial y esto es lo que sucede ahora en Venezuela. En el siglo XIX este sistema fue utilizado por los británicos para perseguir y neutralizar el contrabando, el tráfico de esclavos y otras actividades que violaban las leyes británicas de los mares. Pero también se sucedieron incidentes de orden nacional, como las guerras para abrir el mercado del opio en China.
Venezuela está funcionando con la garantía económica de Trump, no con la de Delcy Rodríguez, quien sigue a cargo formalmente del gobierno del país.
Ahora, la lucha contra el narcotráfico constituye un objetivo central de Estados Unidos en los mares, y en particular en lo que puede ser denominada su zona de influencia. Desde el primer momento, a fines de 2025, Estados Unidos planteó como argumento, tras su intervención militar en el Caribe, la lucha contra el narcotráfico en la zona del llamado Caribe Sur. Es decir, los mares que están al este y oeste de Venezuela en el área del Caribe. Sin un aval jurídico internacional, desde entonces Estados Unidos lleva decenas de hundimientos de lanchas, en los cuales habrían muerto ciento cuarenta y cinco supuestos narcotraficantes. Esto está teniendo lugar tanto al este como al oeste del territorio marítimo venezolano. Ningún otro país de la región ha querido formar parte de estas operaciones militares, pero sí lo han hecho en ejercicios navales conjuntos que han tenido lugar en forma paralela. Incluso no sólo han integrado estos ejercicios países latinoamericanos, sino también el Reino Unido, Francia y Dinamarca, que tienen posesiones que pueden ser denominadas coloniales en el Caribe, aunque sean de poca extensión. Trump viene sosteniendo que la lucha contra el narcotráfico es prioritaria y que si es necesario la llevará al territorio de otros países. Este es el caso de México, al cual ha amenazado con este tipo de operaciones, pero frente a lo cual la presidenta Claudia Sheinbaum parece firme para eludirlas. También Estados Unidos está realizando operaciones conjuntas contra el narcotráfico con otros países de la región, como Ecuador en América del Sur y El Salvador en América Central.
El Salvador es el mayor aliado de Washington en América Central y el que le da un apoyo más firme a su política de lucha contra el narcotráfico. El 15 de febrero, el presidente Nayib Bukele informó de la realización a setecientos tres kilómetros de la costa salvadoreña, en aguas internacionales, de una requisa a un buque con bandera de Tanzania con seis mil seiscientos kilos de droga, arrestándose por ello a diez personas. La política de Trump para seguir utilizando la lucha contra el narcotráfico como eje de su política exterior y de seguridad en la región se va extendiendo, pero sin formalizarse. En la segunda semana de febrero, el Jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense reunió a sus treinta y cuatro colegas del continente americano. Fue una aproximación y expresión de doctrinas e ideas, pero sin decisiones o planes concretos. No obstante, el encuentro confirmó la intención de la Administración Trump de utilizar las Fuerzas Armadas del continente para la lucha contra la droga.
