En artículos anteriores, nos referíamos al amor en el matrimonio, según el documento "Amorislaetitia” del papa Francisco. Queremos ahora continuar con algunas reflexiones de su magisterio sobre el amor conyugal. 

"Agape” es el término griego para describir el dinamismo espiritual racional-volitivo del "amor inteligente” propio de la persona humana. Amor de donación generoso y desinteresado,que no actúa sobre la base de las emociones o sentimientos, sino sobre el compromiso deliberado y voluntariamente asumido para toda la vida. Está relacionado con una actitud de entrega y recepción del otro, y se manifiesta en expresiones altruistas de sacrificio y abnegación. También se llama amor de "benevolencia” porque está más interesado en el bien del que se ama que en el propio bien personal. 

Es el amor que da lugar al consentimiento matrimonial: "Yo me entrego a ti como esposo/a y me comprometo a serte fiel amándote y respetándote durante toda mi vida”. Ambos se entregan y se reciben para siempre, "en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad…"" Escribe el papa Francisco: "El ideal del matrimonio no puede configurarse sólo como una donación generosa y sacrificada, donde cada uno renuncia a toda necesidad personal y sólo se preocupa por hacer el bien al otro sin satisfacción alguna. Recordemos que un verdadero amor sabe también recibir del otro, es capaz de aceptarse vulnerable y necesitado, no renuncia a acoger con sincera y feliz gratitud las expresiones corpóreas del amor en la caricia, el abrazo, el beso y la unión sexual…el hombre tampoco puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar únicamente y siempre, también debe recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don” (AL,157). 

"Cada uno de los cónyuges hace un camino de crecimiento y de cambio personal. En medio de ese camino, el amor celebra cada paso y cada nueva etapa…” 

Todos los matrimonios pasan por diferentes dificultades, desavenencias, problemas, conflictos, desacuerdos y hasta momentos críticos en que pareciera que no pueden seguir adelante, pero es en esos momentos difíciles cuando el amor "ágape” permite a los cónyuges superar esos retos de la vida de pareja. Es el amor humano maduro, sólido y fuerte que permite el esfuerzo y el sacrificio por la otra persona.

Señala al respecto el papa Francisco: "No podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. En cambio, sí podemos tener un proyecto común estable, comprometernos a amarnos y a vivir unidos hasta que la muerte nos separe, y vivir siempre una rica intimidad. El amor que nos prometemos supera toda emoción, sentimiento o estado de ánimo, aunque pueda incluirlos. Es un querer más hondo, con una decisión del corazón que involucra toda la existencia. Así, en medio de un conflicto no resuelto, y aunque muchos sentimientos confusos den vueltas por el corazón, se mantiene viva cada día la decisión de amar, de pertenecerse, de compartir la vida entera y de permanecer amando y perdonando. Cada uno de los dos hace un camino de crecimiento y de cambio personal. En medio de ese camino, el amor celebra cada paso y cada nueva etapa (AL, 163).

El amor "ágape” es, pues, el tercer nivel del amor conyugal.

 

Por Ricardo Sánchez Recio
Lic. en Bioquímica. Orientador Familiar. Profesor.