Se ha definido a la cultura de la información como el conjunto de 5 elementos: la capacidad de reconocer que la información es un bien útil y puede servir para hacer mejor las cosas; la capacidad de saber dónde conseguir la información y a quién preguntar; la capacidad de recuperar información y de interactuar con las personas que la tienen y la ofrecen; la capacidad de interpretar, organizar y sintetizar la información y la capacidad de usar y comunicar, esto es, transferir información.

La información y el conocimiento son vitales para la educación y la cultura; y, condición indispensable para mejorar la calidad de vida de los habitantes en regiones en donde la población no ha alcanzado un alto grado de desarrollo económico y social. Domingo Faustino Sarmiento quiso que la biblioteca fuera la continuación y el complemento de la educación.

La Biblioteca Nacional de la República Argentina es la biblioteca más importante del país. Actualmente se encuentra ubicada en el barrio porteño de Recoleta, siendo inaugurada en 1810 en el Cabildo de Buenos Aires.

Este centro cultural fue creado por un decreto de la Primera Junta de gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 13 de septiembre de 1810, bajo el nombre de Biblioteca Pública de Buenos Aires, a propuesta de su secretario el Dr. Mariano Moreno. Su primera ubicación fue, durante dos años, el edificio del Cabildo, hasta que un día como el de ayer, 16 de marzo, pero de 1812 abrió sus puertas al público en una sala del edificio que se encuentra en la esquina de las calles Moreno y Perú, dentro de la zona que actualmente se conoce como la "Manzana de las Luces”.

Mariano Moreno fue designado Protector de la Biblioteca en 1810. Mientras que Cayetano Rodríguez y Saturnino Segurola fueron designados respectivamente sus bibliotecarios.

Mediante la Ley Nº 12.351 de 1960 se destinaron para la Biblioteca Nacional tres hectáreas ubicadas entre las avenidas del Libertador y Las Heras, y las calles Agüero y Austria. La obra fue adjudicada mediante un concurso nacional que cerró en abril de 1962, y cuyo veredicto se anunció el 12 de octubre siguiente, siendo el elegido entre decenas de propuestas el proyecto de los arquitectos Clorindo Testa, Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga de Bullrich. La piedra fundamental del edificio fue colocada recién el 13 de octubre de 1971.

Durante la obra, ocurrieron grandes avances en el campo de la bibliotecología, como la llegada de la informática que permitió la digitalización de la consulta de materiales, con lo cual el funcionamiento de una biblioteca cambiaría radicalmente.

Un buen programa educativo suministra recursos para elaborar y ampliar el saber. El libro de texto ya no puede ser la única fuente de información. Se deberá recurrir al material impreso, al audiovisual, al multimedial y al tecnológico. El alumno moderno debió acostumbrarse a usar el material impreso y el informático. Para la posibilidad de acceder a tales materiales enunciados que contribuirán al desarrollo integral de la educación, es recomendable la fundación, expansión, organización y equipamiento de bibliotecas al servicio de los estudiantes, investigadores, docentes, amas de casa, jubilados y público en general a fin de lograr una verdadera democratización del conocimiento.

La nueva Biblioteca Nacional pudo ser terminada gracias a un préstamo del Reino de España realizado en 1990, y fue inaugurada finalmente el 10 de abril de 1992, por el presidente Carlos Menem, y el material bibliográfico se terminó de trasladar el 21 de septiembre de 1993. El edificio cuenta con tres depósitos subterráneos: dos de ellos destinados a libros, que permiten depositar 3 millones de libros, y uno destinado a guardar revistas y diarios, con una capacidad de quinientos mil ejemplares. Además, en el edificio funciona actualmente la Escuela Nacional de Bibliotecarios, fundada en 1956. La vieja sede de la Biblioteca en la calle México fue cedida al Centro Nacional de la Música.

Hoy sabemos que la información es un derecho y un recurso fundamental e imprescindible para el desarrollo; que es un deber de las unidades de información de proveerlas con precisión y una oportunidad; que la información es un modificador de conductas; que los presupuestos dedicados a la información constituyen una inversión. Por lo tanto, se debe garantizar y democratizar el acceso a la información en forma permanente si el objetivo es alcanzar el mejoramiento de la calidad de la educación general y obligatoria como una de las estrategias de desarrollo con equidad.

(*) Bibliotecaria Nacional. Matrícula profesional 068.