Los institutos, las escuelas, los colegios y las universidades de nuestro San Juan y de la Nación merecen optimizar sustancialmente la calidad del educador creando profesorados con título docente con no menos de 5 años académicos, pues el conocimiento requiere de fundamentos teórico-prácticos suficientes para acreditar la idoneidad del enseñante. La sola consideración de la formación docente no es más que una denominación sin rigor científico e inconsistente para avalar la profundidad del conocimiento y el perfil investigador del educador. Las recomendaciones de los Organismos Internacionales: la UNESCO, el PNUD, el FNUAP, el UNICEF y el Banco Mundial, que continúan siendo las 5 multilaterales que propician la Conferencia Mundial sobre Educación, mantienen en sus agendas el tratamiento permanente de las problemáticas del empleo, la salud, las finanzas y la familia naturalmente trabajando la temática de la educación mundial con sus lineamientos para cada país. En el plano nacional, el diálogo interesado en la educación toma consenso por lo que es obligatoria una aplicación de políticas educativas y estrategias con miras a mejorar la calidad del educador en forma inminente.

Debemos recomendar desde la función comunicativa y en lo pertinente a nuestro compromiso con el Sistema de Educación Informal que con nuestra participación indudablemente los objetivos en procura del rumbo que toma la enseñanza, exalta un particular relieve y trascendencia de las políticas imperantes, pues mostrar la realidad desde su problemática social no es ni más ni menos que hacernos eco del compromiso cívico que como ciudadanos y comunicadores hemos asumido. Por ello el discurso sobre la calidad del educador es independiente de toda consideración salarial.

En San Juan, garantizar una calidad educativa no ha sido lo principal, pues, la preocupación ha pasado por la "’estabilidad del docente” antes que por su preparación. Desde hacen ya 30 años las titularizaciones masivas hasta la fecha han sido la preocupación y los concursos para titularizar jamás ocurrieron aunque haya sido la promesa del Ministerio de Educación y los gremios cuyos compromisos nunca se tomaron. Lamentablemente esto seguirá así y así nos irá en educación.

"’La enseñanza jamás puede ser una profesión pues el hecho de formar para el conocimiento requiere de una profesión tal que no pasa por la docencia -pues cualquiera puede ser docente- sino por el contrario la competencia especial para la educación y promoción de los alumnos es responsabilidad del profesor quien ha sido formado específicamente para ese fin”. Por consiguiente la profesión, está en el profesor titulado con no menos de 5 años de profesorado y excepcionalmente cuatro.

El trabajo como profesor en nuestro país debe consistir no sólo en cubrir plazas disponibles, sino en ofrecer puestos por concurso. Por ello es que el Estado es responsable de la calidad de los educadores, no solo porque apele a cubrir necesidades educativas sino porque estas requieren de un profesional con título docente que el sistema educativo debe garantizar tanto a los alumnos como también a padres y comunidad en general.

No se puede seguir escuchando, "’no encuentras trabajo como profesional, entonces inscribirte en la Junta de Clasificación para ver si te dan una horas cátedras y entras a trabajar” ¿Me explico, no?

Usted puede entonces advertir de que se trata cuando hablamos de calidad educativa o más precisamente de la calidad del educador.

La actualización y disponibilidad de los conocimientos previos que poseen los alumnos es una condición necesaria para que puedan llevar a cabo un aprendizaje óptimo, no es más significativo que no podemos restarles la posibilidad a sabiendas de que ellos merecen un profesor de curso y carrera docente, titulado como tal y egresado de un profesorado.

(*) Autor de la Disciplina Artística Integrada. Orientador escolar. Filósofo, pedagogo, escritor.