
Es posible que la fracturada oposición de Argentina no esté de acuerdo en muchos temas antes de las próximas elecciones primarias del 13 de agosto, pero se ha unido en torno a la necesidad de poner fin a un sistema de tipos de cambio múltiples que ha asustado a los inversores y paralizado la economía.
Los dos principales precandidatos de la oposición, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, desmantelarían el sistema de tipos de cambios diferenciales, hechos a medida para decenas de transacciones diarias que van desde el pago de artistas internacionales hasta exportaciones de vino.
Un tercer contendiente, Javier Milei, pide la solución menos probada de reemplazar el peso argentino con el dólar estadounidense.
A diferencia de la mayoría de los demás países, Argentina tiene un tipo de cambio fijado artificialmente por el Estado, en lugar de por la demanda del mercado. Esto ha permitido que florezca el mercado paralelo de divisas, ampliamente utilizado, en el que actualmente los pesos se negocian frente al dólar a menos de la mitad del tipo de cambio oficial.
Al mismo tiempo, el Gobierno ha estado restringiendo el acceso a divisas, lo que popularmente se conoce como "cepo”, como una forma de evitar un mayor drenaje de las bajas reservas del banco central.
Los economistas advierten que cualquier movimiento para desarmar este mercado de divisas altamente distorsionado, mientras se eliminan las restricciones artificiales que están frenando el crecimiento y la inversión, probablemente conduciría a una inflación a corto plazo aún mayor, un agravamiento de la pobreza y a un incremento en el malestar social.
RÉGIMEN CAMBIARIO
"Está claro que el régimen cambiario actual es un obstáculo para la economía y no ha logrado evitar una aceleración de la inflación ni preservar la liquidez cambiaria”, dijo Ignacio Labaqui, analista senior de Medley Global Advisors en Buenos Aires.
El principal problema para un Gobierno entrante radica en las "consecuencias inflacionarias”, en un país donde las alzas anuales de precios alcanzan el 116%, dijo Labaqui.
En 2015, el expresidente de centroderecha, Mauricio Macri, cumplió su promesa de campaña de dejar cotizar libremente el peso, lo que provocó una devaluación del 28%. Finalmente, en 2019 tuvo que reintroducir controles de cambio ante una crisis desatada en los últimos años de su gestión.
Bullrich, exministra de seguridad de Macri, aboga por unificar los tipos de cambio y levantar las restricciones monetarias "desde el primer día”, según su asesor económico, Luciano Laspina.
"Necesitamos eliminar los controles de capital muy rápido. Cuanto antes, mejor”, dijo Laspina en un foro reciente, apostando a que una devaluación abrupta traerá dolor a corto plazo pero potencialmente establecerá una economía más saludable y atraerá inversiones a largo plazo.
"Con eso y el apoyo del FMI, podemos construir las condiciones para restaurar algo de credibilidad en Argentina”, dijo Laspina.
Larreta, el actual Jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, tiene un objetivo similar, pero argumenta que hacerlo de inmediato y en todos los sectores sería demasiado doloroso para los argentinos golpeados por la crisis. Propone, en cambio, cerrar la brecha entre la cotización oficial y las paralelas dentro de su primer año en el cargo, según el sitio web de su campaña.
Milei también se centra en una solución basada en un establecimiento de una única moneda de cambio. "Una de las cosas más irritantes que tenemos en Argentina en este momento son las restricciones del Gobierno sobre quién puede comprar dólares y a qué precio”, dijo la economista y principal asesora económica de Milei, Diana Mondino.
Pero tales reformas son impopulares entre un electorado ya golpeado por la inflación, por lo que la actual administración peronista se mantiene firme antes de las elecciones presidenciales generales del 22 de octubre, prometiendo evitar una abrupta devaluación.
Por Anna-Catherine Brigida y Lucinda Elliott
Agencia Reuters
