Se puede ser feliz en el matrimonio pues, ya no es en realidad un amor de dos personas sino de tres: los cónyuges y Cristo.

En artículos anteriores, nos referíamos al amor en el matrimonio, según el documento "Amoris laetitia" del papa Francisco. Queremos ahora continuar con algunas reflexiones de su magisterio sobre el amor conyugal. 

Al amor humano conyugal que hemos analizado, integrado por eros, philia y ágape (donde interviene toda la persona en cuerpo y alma), se debe agregar el amor divino o "caridad", que lo enriquece, lo santifica y lo fortalece. 

Escribe el papa Francisco: "En efecto, la gracia del sacramento del matrimonio está destinada ante todo a perfeccionar el amor de los cónyuges (Catecismo, 1641)" (AL,89). "El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó. El amor conyugal alcanza de este modo la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal" (AL,120).

"El matrimonio es un signo precioso, porque cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del matrimonio, Dios, por decirlo así, se "refleja" en ellos, imprime en ellos los propios rasgos y el carácter indeleble de su amor. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros. También Dios, en efecto, es comunión: las tres Personas del Padre, Hijo y Espíritu Santo viven desde siempre y para siempre en unidad perfecta. Y es precisamente este el misterio del matrimonio: Dios hace de los dos esposos una sola existencia. Esto tiene consecuencias muy concretas y cotidianas, porque los esposos, en virtud del sacramento, son investidos de una auténtica misión, para que puedan hacer visible, a partir de las cosas sencillas, ordinarias, el amor con el que Cristo ama a su Iglesia, que sigue entregando la vida por ella" (AL,120).

Se puede ser feliz "en las buenas y en las malas", "en la salud y en la enfermedad", "en la pobreza y en la riqueza", pues, ya no es en realidad un amor de dos personas sino de tres: los cónyuges y Cristo. "Cristo Señor sale al encuentro de los esposos cristianos en el sacramento del matrimonio, y permanece con ellos" (AL,67). Así los esposos pueden amarse como Cristo los ama, hasta dar la vida por el otro.

Con el sacramento del matrimonio los esposos sobrenaturalizan su amor humano con el amor divino. Porque todos los bautizados compartimos este común llamado de Jesús a participar de la santidad divina: "Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt 5,48).

La vida conyugal se convierte así en un camino de santidad, porque Jesús, presente cada día junto a los esposos, otorga todas las gracias que necesitan para ser santos. Él está presente para ayudar a superar las pruebas, dificultades y conflictos que necesariamente llegan a la vida matrimonial.

El amor "caridad" es, pues, el cuarto y último nivel del amor conyugal.

 

Por Ricardo Sánchez Recio
Orientador Familiar, Lic. en Bioquímica, Profesor.