Cuentan los libros de historia que en la época colonial los muertos se sepultaban en las iglesias y adyacencias, y en la ciudad de San Juan las necrópolis estaban en Santa Ana (Centro) y en San Juan de Dios (Puyuta, hoy Desamparados). Pero como la población aumentaba, el gobierno "comenzó a buscar la formas de solucionar este problema que comenzaba a preocupar por la falta de higiene que se notaba en ambos repositorios". Fue así que el gobernador Juan Aguilar (1830) firmó un decreto "disponiendo la construcción de un cementerio que diera albergue a los muertos de la población", escribió Cesar H. Guerrero.
Pero la obra no se iba a concretar muy pronto, más aún cuando la feroz inundación de 1833 que destrozó parte de la Ciudad, afectó en especial a las iglesias de San Agustín y Santa Ana. Por todo esto, el gobernador José Martin Yanzón (1834-1836) decidió reiniciar la obra de su antecesor Aguilar, para lo cual utilizó los terrenos de la capilla de Juan de Dios y agregó una importante donación de terrenos que hiciera la vecina doña Borjas Toranzo de Zavalla.
Así, la necrópolis comenzó a ser una realidad, y posteriormente Sarmiento le dio un gran impulso plantando árboles y distribuyendo formalmente espacios. Al decir de Guerrero, de esa manera comenzó el progreso con galerías y mausoleos particulares, aparte de los túmulos (sepulcros elevados en la tierra) a los soldados de la Patria y próceres de la provincia. Después de otras tantas vicisitudes, llegó lo peor: el terremoto de 1944 convirtió este Cementerio en ruinas macabras y el Consejo de Reconstrucción de San Juan también se ocupó de remodelarlo, levantando nuevas galerías.
Así, los años fueron pasando y cada gestión municipal aportó lo mejor de sí. Pero en la actualidad el cementerio capitalino muestra un rostro probablemente pocas veces visto antes: aseado, prolijo, con sus jardines y otros espacios verdes totalmente recuperados, la construcción de rampas en los accesos y la eliminación de los incesantes robos de placas que asolaron el lugar en tiempos no lejanos.
Todo ello surge de un riguroso plan de conservación que estuvo a cargo del director municipal, Oscar Brocca, obra a la que, a finales del año pasado, el Secretario de Ambiente y Servicios, Jorge Cerdera, definió en DIARIO DE CUYO como "uno de los eslabones del orden que impuso el Intendente Lima a la Ciudad". A su vez, y a la luz de todo ello, la Capital inauguró recientemente el Circuito Turístico del Cementerio o Necroturismo, generado desde la Secretaría de Cultura y Turismo, direcciones municipales de Turismo y del Cementerio.
La idea surgió tras comprobar esta experiencia desde hace varios años en el cementerio de La Recoleta, en Buenos Aires y en otras grandes ciudades de América y Europa. Se trata de un recorrido según el plano de esta necrópolis, por las tumbas, mausoleos o monumentos funerarios de distintos personajes históricos que descansan allí, como también de otras sepulturas que por su valor artístico y o arquitectónico merecen ser destacadas como patrimonio cultural.
Una oportunidad para sanjuaninos y visitantes, docentes y alumnos de distintas carreras, de tener una mirada de la memoria de San Juan desde una óptica diferente, pero igualmente rigurosa. Mientras se preparaba el trabajo, se conoció la existencia de una investigación sobre los enterratorios en el cementerio capitalino, que había sido coordinada desde la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la UNSJ, por la Prof. Nora Rodríguez, y que resultó un valioso aporte para el formato divulgativo y turístico.
Quizá de esta manera se logre demostrar aquella inspiración del poeta mexicano Antonio Muñoz Feijoo (1851-1890) cuando dijo: "Hay muertos que en el mundo viven, y hombres que viven en el mundo… muertos".
(Referencia: "Lugares Históricos de San Juan", C.H. Guerrero. Archivo Histórico y Administrativo, 1962).
(*) Periodista. Secretario de Cultura y Turismo Capital.
