Es un hecho que las campañas contra el tabaquismo, más allá de accionar directamente contra las personas que fuman también lo hacen sobre los denominados "’fumadores pasivos” que son los que se ven perjudicados por los fumadores, al compartir un mismo ámbito o estar expuestos directamente al humo por la cercanía en la que se encuentran.
En los últimos años se ha registrado un auténtico avance en este sentido y en la actualidad es casi normal que en el transporte público, confiterías, restaurantes, cines y otros ámbitos públicos de nuestra provincia la gente no fume, en claro acatamiento a la legislación que así lo establece o por el temor a la reprobación generalizada que se plantea cada vez que alguien enciende un cigarrillo en público.
De todas formas, todavía quedan algunas costumbres que no han podido ser erradicadas, como la de fumar dentro de los hogares o en los automóviles, ante la presencia de otras personas mayores o, lo que es más grave, ante los menores de edad. Está comprobado que la inhalación de humo es la mayor causa de enfermedad en niños, pues provoca daños en su desarrollo pulmonar, infecciones de oído, meningitis, muerte súbita y otras enfermedades vinculadas al aparato respiratorio y al desarrollo de distintos tipos de cáncer.
Las campañas contra el tabaquismo comenzaron hace algunas décadas cuando la ciencia confirmó los graves efectos que el fumar tenía para la salud de las personas y los elevados índices de mortalidad que el cigarrillo estaba provocando en distintos países del mundo. Desde ese momento, la mayoría de los gobiernos comenzaron a advertir a sus habitantes sobre los efectos perniciosos y luego a prohibir la práctica de fumar en ámbitos públicos o lugares de reunión de mucha gente. En un principio, en las confiterías, restaurantes y determinados transportes públicos se habilitaron sectores para fumadores y no fumadores, pero luego de algunos estudios realizados se determinó que esa práctica no garantizaba ningún resultado y así se fueron limitando los reductos para fumadores, hasta convertirlos en exclusivos o hacerlos desaparecer, según la conveniencia del comercio.
Actualmente es posible ver en la mayoría de los lugares públicos carteles prohibiendo terminantemente por ley fumar, lo que cada vez es más acatado por los propios fumadores sin ningún tipo de objeciones.
Teniendo en cuenta este gran avance en el ámbito público, ahora la tarea consiste en reducir el tabaquismo en el hogar o en los ámbitos familiares. Se calcula que en nuestra provincia un 30 por ciento de la población tiene el hábito de fumar en su propia casa o mientras conduce un vehículos. De ese porcentaje más de la mitad lo hace ante la presencia de otras personas no fumadoras o de niños, que generalmente son sus hijos.
Países como Inglaterra, están apuntando a este nuevo objetivo y es así que en este país europeo se acaba de aprobar la prohibición de fumar en vehículos que transporten a menores de 18 años de edad. La medida fue tomada teniendo en cuenta "’el daño que supone el tabaco a los pulmones de los niños” y efectuando algunas consideraciones como que "’los niños generalmente no pueden elegir la forma de viajar” y esto hace que muchas veces sean expuestos involuntariamente a inhalar el humo del tabaco.
La guerra contra el tabaco ha tenido ya varias etapas y seguirá, sin duda, en el futuro considerando las graves consecuencias del tabaquismo en la calidad de vida de la gente.
Primero desaparecieron los patrocinios de las tabacaleras en el deporte, luego la publicidad por los medios de comunicación y finalmente la obligatoriedad de colocar en los paquetes de cigarrillos o anuncios publicitarios en la vía pública, la frase de que "’fumar es perjudicial para la salud”; "’fumar produce cáncer”; "’fumar afecta a las embarazadas”, etc..
Es un hecho que a pesar de todas las advertencias, mucha gente sigue fumando en una forma adictiva, en una actitud que habrá que seguir combatiéndola para asegurar a las generaciones venideras la erradicación de enfermedades que ya se han cobrado numerosas víctimas en todo el planeta.
