
Además de estar padeciendo una de las sequías o crisis hídrica más grande de nuestra historia provincial, la vitivinicultura sanjuanina atraviesa por una etapa de muchas dificultades que habría que tratar de revertir para recuperar el protagonismo que la industria madre siempre tuvo dentro de la economía local.
Como para citar un ejemplo, en las décadas de 1950, 1960, 1970 y a comienzos de los 80, Caucete era uno de los principales productores de vid y su industrialización era tal que funcionaban al menos 40 bodegas. En la actualidad sólo hay 6 o 7 funcionando a pleno.
Todo ese potencial productivo ha disminuido por lo que hay que promover nuevas acciones en busca de su recuperación.
Entre las dificultades más notorias está, como ya se ha dicho, la falta de agua para riego y la baja rentabilidad ya que los precios que se están pagando son irrisorios.
Pero vemos lo que dice el historiador sanjuanino Héctor Arias en relación al pasado próspero de la vitivinicultura: "Toda la infraestructura se acondicionó a la perspectiva del monocultivo, se amplió la red de riego mediante canales, más de 2.000 km, y se proyectó un dique de embalse (Ullum), se construyeron y asfaltaron nuevas rutas y calles para sacar la producción de manera más eficiente y rápida. Hacia la década del 60 se vivió una década de esplendor donde el motor de la actividad económica de la provincia giraba en tomo a la vid y su industrialización.
En las primeras décadas de la segunda mitad el siglo XX el progreso de la provincia estuvo signado por dos pilares fundamentales: la industria de la construcción en relación con la reconstrucción de la Ciudad (luego del terremoto de 1944) y aledaños, y la expansión de la vitivinicultura.
Hacia ellas se orientó fundamentalmente el crédito del Banco San Juan. De la humilde aldea paso a ser la ciudad más moderna del país. En cuanto a la industria, hacia la década del 60 estaba relacionada con la vitivinicultura, particularmente comenzaba un movimiento de cooperativismo, algunos ejemplos de asociaciones de viñateros fueron las cooperativas "Las Casuarinas de 25 de Mayo" y la vitivinícola y olivícola de Rawson "El Cerrillo". Esa deformación del sistema agropecuario ha provocado una crisis estructural en la economía de San Juan; entendemos por crisis estructural: aquella que colapsa por desarticulación o ruptura de las partes de un emprendimiento en un momento determinado".
En otra parte Arias señala: "Antes de esta se pasó por varías crisis coyunturales que generalmente tuvieron relación con el precio y la existencia o no de excedencias vínicas.
Los años de bonanza fueron 1952 y 1954; 1960 a 1961; 1971 hasta mediados de 1974; 1978 a 1981. Mientras que 1985-1986 y 1991 a 1994 son consideradas como de precios aceptables.
En un total de 50 años, sólo 17 pueden considerarse positivos y los 33 que restan de crisis. Esto fue incrementándose con el paso de los años y especialmente en los 50 años que van de 1944 a 1994".
Coincidiendo con las investigaciones de Héctor Arias podemos señalar que el problema es complejo y multicausal.
Algunas de las dificultades de la vitivinicultura son los bajos precios, la carestía de abonos y matayuyos y los impuestos que se cobraban conforme a la inflación y que iba devorando la economía. Ni los sectores públicos ni privados acertaron con tomar medidas correctivas. Tampoco se cultivaron viñedos de calidad teniendo sólo en cuenta el rendimiento en kilos. La subdivisión de tierras por herencia proliferó el minifundio y estos propietarios descapitalizados, no tenían el dinero suficiente para implantar el riego por goteo y otros adelantos estructurales. Teniendo en cuenta todo esto no ha permitido que San Juan se inserte bien en el mundo globalizado".
Por Héctor Fabián Prado
Productor de Caucete
