Fue monseñor Pablo Cabrera, la personalidad mas descollante y pura en el ambiente intelectual de Córdoba, durante el primer tercio del siglo XX.

Elegido y elogiado por su capacidad intelectual, le ofrecieron hablar en la Catedral de Buenos Aires, sobre el feliz termino de los pactos firmados por Argentina y Chile, sobre limites, en Mayo de 1902.

En su discurso dijo "nunca se podrá olvidar tan generosa hospitalidad Chilena, ofrecida a los argentinos, proscriptos de la tiranía, como tampoco olvidará Chile lo que hijos de este suelo brindaran a los suyos, después de la noche de Rancagua, ni menos perderá la memoria, de la deuda tan sagrada que la vincula imperecederamente a San Martín".

Estuvieron presentes, el presidente Julio Argentino Roca, el internuncio Apostólico, monseñor Antonio Sabatecci, y el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mariano Antonio Espinosa.

El grado Intelectual de su discurso, en 1902, hizo que el Presidente Roca, le hiciera llegar a través del Arzobispo de Buenos Aires el deseo de que hablara en la creación del Cristo Redentor de los Andes, entre Argentina y Chile.

En esa ocasión monseñor Cabrera dijo frente a dos pueblos que en esos momentos sellaban la paz, como ejemplo de fraternidad sudamericana, que "la paz que ha sido consagrada al pie del monumento al Cristo Redentor será eterna e imperecedera, como es eterno e imperecedero el amor de argentinos y chilenos al Redentor de la humanidad".

Fue en ese mismo acto donde después de escuchar a Cabrera, monseñor Ramón A. Jara, en representación de la nación chilena, dijo entre otros conceptos que "se caerán estas montañas antes de que se derrame una sola gota de sangre entre chilenos y argentinos".

En el acto realizado el 13 de mayo de 1904, también estuvieron presente el canciller argentino, Dr. José A.Terry, y de Chile, J. Silva Cruz; además de autoridades civiles y militares.

No puedo finalizar estas líneas sin decir con certeza que monseñor Pablo Cabrera fue hijo de esta tierra sanjuanina y doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba. Esto hizo que nuestro Colegio nacional llevara orgullosamente su nombre desde 1938.

Este ilustre ciudadano falleció en la ciudad de Córdoba en 1936 y sus restos se encuentran en el Cementerio de San Gerónimo.