¿Qué es América? La llaman, América originaria, América colombina, América ingenua, la nueva América, Hispanoamérica, Latinoamérica; La bien donada, América bifronte.
Pero para saber qué es, vamos en la búsqueda de su ser, partiendo de la concepción general en la búsqueda del ser total, a partir del escenario del yo y el ser; pero en principio de un ser elemental, en bruto. Es decir entre este ser que soy y lo que está dado ahí. Esta situación tiene una implicación notoria, que es el pensamiento, como un puente entre yo que soy y el ser, y además se vislumbra una presencia (inicialmente confusa) entre yo y el ser. El puente y la implicancia conducen a un llamado del ser al yo y también una respuesta del yo al ser; esto sucede cuando el yo hace filosofía del ser.
El saber escuchar y la vehemente inclinación de la inteligencia hacia el ser conduce al hombre a la filosofía.
Ortega y Gasset dijo que el alma argentina tiene como cosa esencial ser promesa, espera la vida prometida que aún no es, tiene actitud de proyecto, exige un destino imperial pero corre el riesgo de quedarse en puro proyecto, creerse ya en perfección.
Cuando alguien quiere comunicarse con un argentino, este se cubre con una máscara, o sea no se entrega, es un hombre a la defensiva, se cierra y si es descubierto en su orfandad se irrita. No tiene interés en ser sino en aparentar o lo que quisiera ser. Es un Narciso y para defender su postura llega hasta la agresión y el "guaranguismo”.
Keyserling, el crítico más duro, dice somos refractarios e indomables, donde la vivencia primordial es la tierra y no el espíritu; tierra y pura fuerza telúrica y lo que corresponde al estado de ánimo, reptiles de sangre fría, de batracios; concluye diciendo que el sudamericano es total y absolutamente hombre telúrico.
Cuantas veces se inicia un nuevo comienzo, otras tantas resurge este fondo abismal, oscuro, que converge hacia el indio. Nada podemos esperar por ahora, si seguimos estas reflexiones proyectadas desde la América originaria.
Se pueden rechazar de plano estos diagnósticos, pero no se pueden negar evidencias.
Debemos hacernos cargo de que América se nos presenta con un mínimo de entidad, está ahí, simplemente presente y nada más, pura presencia en bruto. No dice nada que pueda significar una develación de algo universal, solo permite un acercamiento rudimentario, no encontraremos "una diferencia específica para definirla universalmente”. Cuando algo decimos de América, inconsciente o conscientemente, lo decimos por medio de una secreta referencia comparativa a Europa.
Europa es el continente del "ser abierto” y totalmente fecundado por el espíritu, devela al hombre europeo, la presencia del ser inteligible y lo pone en camino (nunca alcanzado) del "ser total”. Comenzó con los griegos y ha hecho posible la civilización occidental, desde los jónicos hasta las intuiciones de Parménides o Platón y la visión de la Verdad de San Agustín. Si escuchamos con oído fino el llamado del ser, la vocación; la presencia muda se descubrirá cuando la inteligencia buceando en ella rasgue y descubra lo entendible y lo podamos abstraer y la presencia dejará de ser muda y nos dirá qué es América; ejercicio que llevará años.
Esta descomunal obra de la fe y la inteligencia tendrá siempre un enemigo emboscado en lo originario que luchará por retrasar, hacer desaparecer o vaciar de contenido, con su terrible poder de succión, la emersión de la nueva América.
