Consideramos que la Argentina de la última década tiene desde el discurso político de sus gobernantes una coherencia que dista mucho de contradicciones entre sus fundamentaciones teóricos y sus aplicaciones en terreno práctico. Desde que se conocieron los planteos formales de una lucha obrera quizás compatible por momentos con el régimen político de este siglo, el presente ya se avizora como un complementario y conforme acuerdo entre las propuestas de los sectores gobernantes y cívicos, por lo que certificarlo no significaría discrepancia de coalición entre pragmatismo y populismo que en su presentación intentaría confirmar una especie de modelo argentino único y de vanguardia para nuestro país en su originalidad.

Estamos desde esta visión en una posición en la que sería absurdo concebir una posible lucha entre fracciones pues no hay desde esta perspectiva un determinismo económico que desvíe este rumbo, máxime cuando el proceso de negociación entre el sector privado y el estatal concluye en su originalidad por un optimismo desarrollista.

Sin embargo el temor fundado puede estacionar en la inédita eventualidad de que tanto unos como otros, responsables de las políticas públicas, nos hagan caminar entre utopías de la política, por lo que medir consecuencias desventuradas pueden derivar en una comprensión tardía de los desaciertos de los que ya no podríamos salir.

Desde este punto de vista no hay en aplicación un modelo que con identidad manifiesta resulte deductivamente de este análisis y al mismo tiempo que signifique un acuerdo histórico. Menos aún el resultado auspicioso de un beneficio político innovador, por lo que suponerlo significaría de inmediato sostener que se ha dado finalmente respuesta a las emergencias políticas actuales.

Creemos que la razón fundamental resulta en que sí es posible revertir políticamente el rumbo en activación de una república que restaure la alternancia en el poder en el marco del orden constitucional y que ello será posible sin un "ideologismo salvador".

Los partidos políticos que deben estar a favor de los movimientos históricos, deben responder a la herencia democrática y no a una tendencia partidaria. Las estructuras políticas, sociales y económicas no requieren de aparentes articulaciones de políticas eficientes sino más bien de concretas manifestaciones a las demandas de sus ciudadanos.

Recordemos que ninguna solicitud del pueblo crea identidad sino que ella misma surge desde las bases del pueblo mismo que no necesita identificarse con el poder, pues el poder reside en ellos y las respuestas deben venir imprescindiblemente desde sus representantes electos sin riesgo alguno de caminar hacia un populismo promisorio que no es verdaderamente inclusivo de clases y que postula en desmedro del mismo pueblo que crece desde sus diferencias.

Apelamos por lo tanto a que desde las propuestas políticas resulten acciones aplicables acordes a un esquema laboral de estabilidad y extensión del trabajo genuino con incremento sustentable de puestos de trabajo donde las proyecciones actuales en política reflejen un autentico opúsculo democrático, pues, crecer es apelar al conocimiento y construir un país es operar en respuesta a todos los sectores evaluando su productividad.

Cercanos ya a las próximas elecciones nacionales se renuevan las esperanzas políticas de un pueblo que necesita respuestas desde la justicia, la seguridad, la educación y la salud, desde la administración de gobierno y por la igualdad laboral, desde el orden social e incluso hasta llegar a la estabilidad familiar. Y en ello el Estado, la Iglesia y el pueblo deben comprometerse y participar activamente dejando de lado la indiferencia y apatía y siendo protagonistas para una sociedad que todos queremos digna en convivencia y crecimiento.

(*) Filósofo, pedagogo, escritor, orientador escolar.