Cuando se toma nota de los acontecimiento diarios vinculados con la delincuencia, surge la idea de que los seres humanos deberían ser mejores para poder defender esa cuota que aún queda del territorio de la paz en todos los sentidos.
Esa es la única forma de poder disfrutar algo nuevo de la vida de cada día. De una vida que pese a ser complicada y acelerada, ofrece penetrar sus fronteras y hallar algo diferente, algo atrayente para poder seguir adelante sin tantos esfuerzos.
Existe esa defensa como un parapeto contra la crueldad humana. Por ejemplo que en Irak hayan puesto de escudos humanos a chicos con síndrome de Down es más que patético aunque ellos cultiven la alegría religiosa de ofrendar sus vidas a Dios. Hay que recordar que dicho síndrome es un trastorno genético caracterizado por la presencia de un grado variable de retraso mental. Es la causa más frecuente de discapacidad psíquica congénita.
Causa que hace ver a las claras que quienes utilizan a esos chicos o personas como escudos humanos carecen de dignidad aunque crean que lo hacen por profundas razones religiosas cercanas a Dios.
Un caso más cercano. Es el del instigador de los cuatro suicidios en Rosario de la Frontera -Salta- Rodrigo "Rulo” Acosta, 18 años de edad, detenido hace unos días quien no pudo resistir la indagatoria policial y se quebró emocionalmente.
Ese quiebre le hizo confesar que fue el instigador de los suicidios de cuatro compañeros que se ahorcaron. Algunos de ellos con corbatas, dejando la vida a partir de un hecho todavía inentendible.
Expertos en el tema dijeron a la policía que esos hechos corresponden a la llamada cultura Emo que parece extenderse entre los más jóvenes. La Cultura Emo se relaciona con conductas que inducen a la muerte/suicidio bajo el trinomio "amor-sufrimiento-muerte”.
Tienen además rasgos de conductas muy difíciles de comprender. Por ejemplo Acosta le escribió una carta a Fiorella -una de las suicidas ya muerta- en su fotolog en la que le decía textualmente:
Acosta había difundido unas fotos suyas con los brazos heridos, cortados y ensangrentados además poseía fotos de Fiorella infringiéndose lesiones cortantes.
Nos preguntamos cuál fue el contexto cultural de alguien que tiene 18 años de edad, que piensa y escribe como se puede observar en el párrafo anterior y que se confiesa abiertamente partidario de la muerte/suicidio.
Saber cómo es su familia y cómo fue su educación escolar, podría dar algunos indicios pero la lectura detenida de este caso permite suponer que se trata de grupos pequeños de jóvenes raros o enfermos que no han incorporado todavía el sentido de la vida.
Se podría suponer también que no le tienen miedo a la muerte o que no encuentran razones para vivir. De cualquier manera aunque Acosta está detenido necesita una asistencia psicológica o psiquiátrica urgente.
La razón verdadera es que si bien se ha tomado el caso de Acosta, éste no es el único y que tendrían que actuar rápidamente los consejos escolares y los vecinales para impedir el crecimiento de la delincuencia juvenil y para tratar de mejorar a quienes ya han caído en ella.
En primer lugar, estos jóvenes deberían encontrar estímulos en el hecho de poder ser mejores aunque por lo que sabe hasta ahora se manejan con códigos muy diferentes y alejados por lo tanto de lo que se conoce como una vida normal.
Por lo que se ve en la carta a Fiorella no tienen ni idea de un espacio cultural común, ni de las necesidades de la sociedad en la cual viven. Es tan pequeño su mundo que puede ser que esa misma pequeñez los asfixie.
En la educación tradicional -ya casi desaparecida- se incorporaba el respeto como una herramienta principal. Se enseñaba a respetar todos los reinos de la naturaleza y por sobre todo al prójimo. Se enseñaba a ser cada día un poco mejor para lo cual no se debía tener ningún rasgo de maldad ni practicar acciones injustas. Ser un poco mejor es un pequeño camino evolutivo dentro de la evolución general.
