Se hace muy difícil que en algún momento podamos retribuir en toda su magnitud, esa entrega y heroísmo que hicieron manifiesta muchos de los jóvenes que fueron enviados a inmolar su vida en la guerra de Malvinas. Y no hablo de soldados profesionales, hablo de púberes que al fragor de una fiesta irracional y colectiva, fueron enviados sin ningún adiestramiento militar, al campo de batalla.
Toda esta tragedia que bajo ninguna condición desvirtúa el legítimo e irrenunciable reclamo territorial que como nación nos corresponde sobre Malvinas, no pueden sin embargo inhabilitarnos a desnudar algunas circunstancias que como sociedad debemos saber advertir, para no cometer los mismos yerros y equivocaciones.
Ante nuestros héroes y combatientes de Malvinas, que han necesitado de una lucha muchas veces ardua para ser reconocidos por una sociedad que siempre se ha mostrado reticente, estimo que no bastan los bien ganados actos conmemorativos que hacen alusión a su gesta. Se necesita conocer algo más de lo sucedido, para no cometer nuevos errores y para que no tengamos en lo sustantivo, que llorar nuevamente a nuestros hijos o a nuestros nietos.
Estimo que lo que como sociedad debemos sincerar definitivamente, es que el ámbito de dicho conflicto, nunca se redujo solo a Inglaterra. La guerra de las Malvinas se inscribió en un contexto de desarrollo vs. subdesarrollo y desde una perspectiva geopolítica y militar, en el contexto de un orden mundial perfectamente establecido. Por esta razón combatir con las fuerzas militares británicas significaba lisa y llanamente combatir finalmente con la OTAN -incluido EEUU- y significaba cambiar pretenciosamente ese orden mundial, que por nuestro carácter de país periférico, siempre nos a asignado un sitial tan subalterno, como intrascendente e insignificante.
A la luz de estos hechos, nuestra lucha por el reconocimiento de soberanía sobre Malvinas, debe seguir constituyéndose en una lucha diplomática inclaudicable y permanente. Pero necesitamos para ello dar cuenta al mundo que somos un país en serio y necesitamos también, ser reconocidos con respeto y con decoro por todos los países del mundo.
Representamos un país que desde el punto vista territorial nos ubicamos entre los 8 más grandes del orbe y representamos un país, que desde el punto de vista de nuestra enorme potencialidad económica, nos ubicamos entre las 10 naciones potencialmente más ricas del mundo.
Nos ufanamos, de estar en condiciones de producir alimentos para 500 millones de habitantes y considerando que nuestra población bordea tan solo los 40, contamos según estadísticas creíbles y reales con un total de 15 millones de compatriotas, que se disputan un lugar entre la marginalidad, la extrema pobreza y la extrema indigencia.
Por otra parte ha sido tal el avance de la degradación de nuestro sistema educativo, que nos ubicamos actualmente entre los países que cuentan con los peores índices de calidad educativa.
Por esta razón, necesitamos avanzar en un Proyecto Nacional Educativo que se plantee atacar definitivamente al oscurantismo y la ignorancia, a los efectos de contribuir a prestigiar nuestro país y a evitar que nuestros hijos sean carne de decisiones irreflexivas e insensatas, generando desde la educación, un escenario nuevas posibilidades y oportunidades. Por esta razón además, tenemos que contribuir a sincerar el discurso político. Un discurso que deje atrás la entelequia que constituye cualquier política de concentración económica, dando paso a la aplicación de un Proyecto de País y un Proyecto Nacional que fije como únicos beneficiarios de nuestra enorme potencialidad económica: el avance de un desarrollo tecnológico e industrial que esta absolutamente ausente, la generación y el fortalecimiento de nuestras Pymes, pero en forma fundamental, el desarrollo productivo de nuestra empresa nacional y el bienestar de nuestra sociedad y de todo nuestro pueblo y nuestra gente.
A esta lucha invito con respeto, emoción y admiración a todos nuestros héroes, que cuentan con la autoridad moral para representarlo y que honran con su valor y patriotismo, la gesta de Malvinas.
