Cuando pase el tiempo y se evalue lo que está sucediendo en Capital Federal en estos días -y en otras partes del país aunque en menor escala- quienes no vivieron el escenario de muertes y ataques, lo escucharán como un raro relato de una extraña época ya pasada. Lo sufrimos, en la actualidad se producen varias muertes por jornada con metodologías y armas que difieren en procedimientos pero no en crueldad. Y, esas muertes cotidianas generan temores, miedos, desesperanzas y debilitan todos los cuadros de razonabilidad posible.
Sabemos que no es nuestra forma de vida. Los argentinos no quieren vivir así y ello hace necesario buscar los caminos capaces de unificar a las personas y volver a dignificar los hechos. Caminos que sólo pueden ser trazados por la solidaridad, la educación y la cultura.
Los argentinos no carecen de esos caminos. Por fortuna, la participación en los hechos culturales demuestra que hay una gran parte de la sociedad que está intacta pese a los sucesos aberrantes de una minoría peligrosa.
Un ejemplo. Hace pocos días se vivió en la Capital, la Noche de los Museos y la cantidad de visitantes confirma la afirmación de que la cultura es un espacio intacto en el país aún cuando la frecuencia de los hechos indeseables aparenten tapar todo.
La cultura es ese espacio en el que la gente muestra sus tendencias y preferencias, en el que la dimensión del humanismo se cruza con el ímpetu del arte, del bello hacer, y donde la expresión sin limitaciones atrae a todos -o a muchos- por igual. No importa el dinero ni la posición social. Los visitantes son buscadores de belleza y nunca dejan de sorprenderse -en el mencionado caso- ante un cuadro que ya ha visto en otras oportunidades.
Para entenderlo mejor tengamos presente que el significado de la palabra cultura, tal como lo conocemos, viene del siglo XV. Es sinónimo de civilización y progreso. En la vida de los individuos se la asocia con la educación y en la experiencia de los pueblos con la civilización.
Y, aunque existe la impresión generalizada de que en los últimos años no hay gran preocupación por la educación, la Argentina es un país culto, pese a algunas deformaciones que hay que corregir como el mal uso de nuestro hermoso idioma y la conducta de grupos de adolescentes.
Quienes hablan varios idiomas saben que no siendo por la H cuando no tiene sonido, el español es un idioma limpísimo y rico en palabras y expresiones. Volver al correcto uso del idioma -tal como lo utilizan todavía las generaciones más grandes- debe constituirse en una competencia irrenunciable de la escuela: en todos los ciclos de aprendizaje, en todos los años de estudio y en todas las asignaturas.
También, por supuesto, es deber de los padres y de los medios radiofónicos y televisivos. Porque así como hay locutores y comentaristas que utilizan muy bien el idioma, otros dejan mucho que desear. A estos últimos les toca hacer una toma de conciencia para entender que no tienen ningún derecho de arruinar públicamente el idioma.
Tener en cuenta, también, que el mal empleo de una palabra conduce a la deformación de un concepto con lo cual se siembra una confusión que aleja de la realidad. Además, entender que la historia, la geografía, la literatura y el idioma conforman la identidad nacional.
Hablando de lo nuestro. En los últimos tiempos se tiene la sensación de que poco se hace y poco se dice sobre la educación. Más allá de esa sensación, existe una realidad incontrastable y es el espacio que mediáticamente se lleva la peligrosa vida de todos los días.
Como en todo, el contraste existe. Gente que teme al tumulto y gente que sigue paso a paso las expresiones culturales que las hay en todas las regiones, provincias y -a veces- municipalidades. Todo acontece -lo bueno y lo malo- en distintas expresiones de la vida cotidiana, pero el salvataje está en saber discernir. Es decir, en distinguir una cosa de otra, señalando la diferencia que hay entre ellas.
Hay compromisos sociales pero también el individuo -aunque no lo haya pensado- tiene un compromiso social con la cultura puesto que es un exponente permanente de ella. La conducta individual es el eje de la situación y se revela desde el saludo ocasional hasta un diálogo y/o un proceder.
No es menos cierto que en la vida social de hoy hay una inversión de valores. Más violencia en la actuación de chicos que en ellas compiten por más poder y/o por ejercer los liderazgo que les permiten armar bandas.
Pero pese a esa inversión de valores sigue habiendo raíces culturales fuertes, gente que prefiere lo normal, que se adhiere a su educación y que sigue disfrutando de los hechos culturales.
No hay dudas que frente a la opción, la gente prefiere el orden, la productividad, la solidaridad, la buena amistad, los buenos momentos. No hay que dudar, entonces, qué es lo que se debe aconsejar a quienes por su misma juventud están confundidos. Porque como dijo Goethe "el comportamiento es un espejo, en que cada uno muestra su imagen".
