La idea de este artículo no es contarles la historia o relatarle por qué el 5 de agosto se celebra el Día del Montañista, sino trasmitir qué significa ser montañista y todo lo que ello conlleva.

El "montañista" no es aquel que solamente va y sube la montaña. La mayor conquista es regresar de ella y aplicar toda esa entrega, voluntad, sacrificio, pasión y corazón a las actividades del día a día.

 

Para ser montañista "…debemos sabernos vulnerables y frágiles. Necesitamos valorar cada momento".

 

¿Qué es ser montañista? ¿Por qué esas ganas de exponernos a las inclemencias del tiempo, a la falta de comida, de agua? ¿Por qué ese esfuerzo a veces sobrehumano para seguir paso a paso? ¿Es un esfuerzo puramente de capacidades físicas o es más mental y de fortaleza de espíritu? ¿Cuándo comienza esa pasión por un deporte, por un estilo de vida?

Ser montañista significa conocer hasta el último milímetro de tu cuerpo, aprender a escucharlo, a estar atento a las señales tanto internas como externas para poder tomar decisiones que nos mantengan a salvo en la naturaleza y en la vida.

El montañista no debe tomar a la ligera ninguna decisión, ya que de ella depende su vida y la de otros. Como montañista es necesario hacer tu soberbia a un lado y aprender a tomar consejos de alguien con mayor experiencia, así como respetarte, respetar al otro y respetar el espacio en donde estás. Debemos sabernos vulnerables y frágiles. Necesitamos valorar cada momento.

Si eres montañista debes optimizar los recursos, la energía, el tiempo. Debes saber renunciar cuando es necesario y tomarlo como un aprendizaje, no como un fracaso. Será importante también festejar las cumbres ajenas y no dejar que las envidias nublen tu camino. Entenderás que ser montañista no tiene que ver con quién llega más rápido o quién sube más alto ya que cada quien se encuentra en un ascenso a su conquista personal.

En tu mochila de montañista cargarás únicamente con lo necesario ya que serás tú quien la lleve sobre la espalda durante todo el camino. Ten presente que habrá caídas, pendientes pronunciadas y momentos de crisis y duelo, y habrá que trabajar en la tolerancia y la templanza para poder superarlos.

La vida, como la montaña, está llena de peligros, la cuestión está en la sensibilidad que tenemos para identificarlos y librar el riesgo. Las montañas siempre han estado ahí, nosotros somos los que vamos y venimos, subimos y bajamos, nacemos y morimos.

Sólo aquellos que trascienden y transmiten esto en su realidad y en su entorno son los privilegiados que llevan este espíritu que arde y que empuja a seguir caminando paso a paso hasta la cumbre.

Lo mas importante de todo esto es compartir ese camino y pensar en los compañeros de expedición, para que todos estemos bien y disfrutando cada etapa. Es una experiencia que conjuga lo deportivo con aprendizajes y vivencias. Para esto no existe el tiempo justo, existen las decisiones y las ganas de hacerlo.

En esta ocasión quiero hacer una mención especial a mis estimados Antonio Beorchia Nigris, Félix Portillo (fallecido casi hace un año), Martín Ramírez, Julio Carlos Abarca, quienes fueron importantes referentes en el montañismo sanjuanino. También saludar a mis amigos y compañeros de montaña y cordada: Francisco Márquez, Luis Tanoni, Juan Pablo Notaria, Ana Laura Valles, Beatriz Lund, Diego Mondre, miembros del Club Andino Mercedario, y del Grupo de Montaña de la Escuela Industrial.

 

 

Por Martín Andrés Carelli
Profesor de Historia de la UNSJ.
Miembro de la Junta de Estudios Históricos de San Juan.  Montañista.