Miro las blancas paredes de la habitación por enésima vez y pienso: este no es un lugar donde los pacientes vienen a morir. Estoy consciente de que me encuentro temporariamente en la Sala de Terapia Intensiva (UTI) Y desde el profesional calificado, las instalaciones diseñadas con equipo de vanguardia, los detalles de los cuidados paliativos, dan cuenta que está pensado para sobrevivir, no para caer derrotado. Y pensándolo bien, hay cierta lógica en ello. Al fin y al cabo, la Medicina surgió para sanar, curar, cuidar y ese halo esperanzador recorre la columna vertebral de cada especialidad. ¿Qué persona dedicaría la mayor parte de su vida a cuidar algo en lo que no cree? Con ese pensamiento, el yo dolorido descansa y abre las alas buscando el sentido al dolor.
DERRIBANDO MITOS
Para la presidenta de la Sociedad argentina de Terapia Intensiva, Dra. Rosa Reina, hay que derribar el mito de que estas modernas unidades se hayan convertido, inexorablemente, en un lugar antes del final (https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=98919).
Sí me pidieran describir estas Unidades con otra metáfora, no dudaría en utilizar la figura del ring. Pienso que se adecua más a lo que realmente allí acontece. El paciente está dando batalla esquivando al mejor estilo Locche (boxeador mendocino, 1939-2005) los golpes del proceso de enfermarse. Claro que en el otro rincón también debe estar el equipo médico. Está prohibido bajarse del ring antes de la campana final.
Aquí va mi primer punto. ¿Están realmente preparados los profesionales de la salud? No ya desde la expertiz disciplinaria, sino desde lo estrictamente humanitario y psicológico. ¿Quién les ayuda a elaborar su propia visión de la muerte?; – ¿quién les enseña a elaborar sus propios duelos? ¿qué les angustia más la desproporcionalidad terapéutica al final de la vida, o la posibilidad de legalizar la eutanasia, ya sea por comisión u omisión?
NUEVAS DESTREZAS
Evidentemente la terapia intensiva como especialidad y servicio excede largamente las competencias curriculares y requiere las virtudes morales necesarias para entablar una relación médico-paciente, virtuosa y digna. El accionar profesional además de matices científicos, tiene rasgos humanitarios, de vocación, empatía, respeto a la autonomía y de beneficencia. No en vano, etimológicamente, terapeuta hace referencia a "servicial", que cuida de alguien o de algo, en el caso, específicamente a los pacientes (Corominas, J.: Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Madrid, Gredos, 1967).
DEL OTRO LADO DEL PUENTE
Hasta aquí una breve pincelada médica de las Unidades de Terapias Intensivas. Pero hay una innegable dimensión espiritual en aquellas, que trasciende el servicio: la soledad a la que se enfrenta el paciente internado. Son momentos difíciles. La vida pasa una y otra vez delante de tus ojos, como una vieja película en la que descubres nuevas tomas. Son momentos donde el yo se repliega sobre sí mismo y luego se abre buscando salir de la cárcel de las propias culpas. Uno advierte que el puente está cerca, pero será difícil cruzarlo con el lastre del remordimiento. Habrá que abuenarse con uno mismo, con su propia historia y aprender a perdonarse. "Dios siempre está y se empeña en barrer todos los obstáculos" (Forja,355) Como dice la hermosa canción de Paul Simon: "No te dejes arrastrar/ deja que Dios sea ese puente cuando decidas cruzar" (Puentes sobre aguas turbulentas, 1970). Con la mente puesta en estos pensamientos, escucho a alguien a quien no veo ni conozco, que lamenta su suerte y gime amargamente. Alguien se acerca y le consuela en un ejercicio de abnegada escucha. El puente está tendido, pienso, y Dios navega justo detrás.
Por Miryan Andujar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
