El nacimiento de un bebé transforma a la familia: los hijos se convierten en padres, los padres en abuelos y los hermanos en tíos. Pero en ese proceso natural inexorablemente repetido en la memoria de la especie ha sido cuestionado en los últimos años por algunas parejas que inmersas en una falsa corriente, pretenden negar la importancia de los vínculos de parentesco.

De esta manera, parece ser que en los tiempos que corren los abuelos se han convertido en un personaje en que sólo puede cumplir el papel de nurses "’ad honorem” -justificando los casos en que por razones de fuerza mayor- deban hacerlo. Sin embargo, es necesario establecer el importante vínculo afectivo entre abuelos y nietos. El abuelo es padre del padre, y en ese sentido representa una parte viva de la familia que se prolonga hacia atrás a través suyo, y hacia delante en ese nieto que llegado el momento, necesitará sentir dentro de sí, un pasado que lo trascienda, apoyado en una familia de raíces profundas.

Pero, así como es nociva una relación empastada, donde no se diferencian bien los límites y los roles, es igualmente antinatural apartar a los abuelos de los nietos. Por supuesto, es estrictamente necesario saber cuáles son los límites y cuáles son los roles a asumir, para que la relación pueda satisfacer las expectativas de cada uno de los miembros de la familia.

En los periodos de crisis de la adolescencia, suelen ser los abuelos quienes equilibran la situación, aportando una dosis de su experiencia en momentos en que la relación padre-hijo es difícil de manejar. Pero también corresponde a la pareja mostrar al chico cuáles son los límites y las características de la relación padre-hijo y abuelo-nieto. Se le debe enseñar a esperar de unos a otros, cosas diferentes. Es muy común decir a los padres: "’Cada vez que vuelve de la casa de los abuelos, está insoportable”.

En realidad no está insoportable: confunde y quiere hacer en su casa lo mismo que hacía en la de sus abuelos. Y es aquí donde corresponde poner límites. No se trata de prohibir al niño o al abuelo determinadas conductas, sino delimitar las áreas que corresponden a cada uno. Muchas veces el niño necesita tener alguien con quien compartir algunos "’secretos”, y ese abuelo permisivo y cuidadoso, puede ser un buen compinche que reviva a través de su nieto, su propia infancia. Generalmente los abuelos toleran y hacen cosas con sus nietos que no toleraban y hacían con sus hijos.

El nieto se siente feliz, y el abuelo más todavía, pues ha logrado esa continuidad que le permite imaginarse patriarca de futuras generaciones gozando satisfecho en esta tierra.

(*) Escritor.