El histórico manzano, donde, se dice, pasó algunos días quien fuera miembro de la Primera Junta durante la Revolución de Mayo de 1810.


Quien fuera presidente de la Primera Junta de Gobierno, Cornelio Saavedra, sufrió como muchos argentinos el destierro, precisamente en nuestra provincia, dato que no todos los sanjuaninos, especialmente los estudiantes, lo saben con detalles. Aquel militar, que pronunció la frase "las brevas ya están maduras", aludiendo a la necesidad de actuar rápidamente en pos de la revolución, llegó a San Juan en el año 1812. Recordemos que Saavedra tuvo un fundamental protagonismo en los días de la Revolución de Mayo. Luego de la conformación de aquella Primera Junta, las divergencias políticas que brotaron en el seno del nuevo gobierno lo llevaron rumbo a Salta, con el objetivo de mejorar las huestes del Desaguadero. Pero su ausencia sirvió para que sus antagonistas lo apartaran del ejército y del gobierno. Fueron estos los motivos que lo llevaron al destierro a San Juan, luego de largas idas y venidas y otros contratiempos.

Llegada a San Juan

En el otoño de 1812 llegó a nuestra tierra con su esposa e hijos, residiendo en una casa situada en la incipiente ciudad. Estando aquí se entera de nuevas medidas que ha resuelto el gobierno porteño acerca de su situación, como su destierro y someterlo a juicio de residencia. Pero en lugar de marchar hacia Buenos Aires, se va a Chile, más precisamente a Coquimbo, junto a uno de sus hijos y un asistente. Horacio Videla cuenta que, apenado, deja a su esposa, que estaba en avanzado estado de gravidez, y a los otros hijos. También dice Videla que su mujer -Saturnina Otarola-, dio a luz en San Juan, en marzo de 1814. El niño fue bautizado con el nombre de Pedro Celestino Cornelio José María Saavedra.


Saavedra, luego de cruzar la cordillera, arribó a Chile, pero nuevamente la adversidad se hizo presente. Los realistas habían vencido a los patriotas en Rancagua y era peligrosa su presencia allá, pues corría peligro de ser pasado por las armas. Nuevamente atravesó la cordillera junto a su hijo con baqueanos criollos y de la manera más rápida posible. Esto con el fin de evitar a los españoles, que venían persiguiéndolo.

Estadía en Colangüil

A los días llegó de nuevo a San Juan, quedándose al pie de la cordillera, en la estancia de Colangüil. Aquí dispuso que su hijo continuara viaje a la ciudad para reunirse con su madre, que aún permanecía en la capital sanjuanina. En ese entonces el paraje era totalmente solitario y rudo. El mismo Saavedra lo cuenta, diciendo en la soledad espantosa en que vivió y los peligros que acechaban a su persona como el posible ataque de fieras salvajes. Casi un mes estuvo en Colangüil, mientras su mujer hacía toda clase de gestiones que permitieran nuevamente su estadía en la ciudad, permiso que finalmente le fue dado por el General José de San Martín, flamante Gobernador Intendente de Cuyo. 


Respecto al lugar donde residió, Fernando Mó nos dice: "Cuando llegó Saavedra, sólo había tres casas a dos y cinco kilómetros de distancia una de otra. La que habitó el comandante pertenecía a doña Ángela Borja". Y en relación al manzano histórico apunta: "En las proximidades existe un manzano añoso que sigue dando frutos a pesar de su larga vida. Muchos dudan de tal longevidad, pero consultados agrónomos conocedores del clima y de la tierra del lugar, opinan que es posible que el Presidente de la Primera Junta se haya sombreado bajó el histórico árbol; esto debido a que los manzanos son muy longevos". 

Por el Prof. Edmundo Jorge Delgado
Magister en Historia