En cada minuto que transcurre, 11 personas están en riesgo de morir de hambre. Casi el doble de las víctimas provocadas por el covid-19, que acaba con la vida de 7 personas por minuto.

Es una verdadera alarma, que la enciende la conocida ONG británica "Oxfam”, con el reciente informe de julio de este año y lleva por título "El virus del hambre se multiplica”, y que expone una fotografía de las causas y las dinámicas del aumento exponencial del hambre global desde el comienzo de la pandemia: 155 millones de seres humanos, a quienes debería alcanzar la "Fraternidad universal”, en este momento están bajo inseguridad alimentaria o desnutrición; o sea, 20 millones más que el año pasado.

Causas

Las guerras, -fenómeno siempre injusto y hoy ya no más defendibles-, aparece como la primera causa del hambre: 2 personas cada 3 – casi 100 millones en 23 países – viven en áreas de conflicto. Más de medio millón que se suman en el último año, y se encuentran al filo de la carestía. No olvidemos los conflictos bélicos en países como Etiopía, Somalia, Sudán del Sur, Siria, Yemen, Afganistán, el mismo Colombia. Han aumentado en forma exponencial el número de personas en inseguridad alimentaria.

Junto al impacto negativo de los conflictos en curso, a pesar de los llamados al cese de fuego de varios líderes mundiales, se suma la crisis económica y el progresivo empeoramiento de la emergencia climática. El vertiginoso aumento de la desocupación global y las prolongadas interrupciones del ciclo de la producción alimentaria, han causado un aumento del 40% de los precios globales, llegando a ser el más alto de los últimos 10 años.

A los países mencionados en conflicto, hay que sumar Brasil e India, golpeados duramente por el hambre. La emergencia es global y afecta sobre todo a los más vulnerables de la población, a partir de las mujeres, que en muchos casos son capaces de renunciar al plato en la mesa para saciar el hambre de sus propios hijos, y que viven en contextos de tensión y violencia. A veces se usa el hambre como un arma civil para determinadas situaciones de conflicto. No obstante la pandemia, el gasto militar global ha aumentado en 51.000 millones de dólares, una cifra seis veces superior al total del financiamiento pedido por la ONU para hacer frente al crecimiento de la desnutrición y el hambre a nivel mundial. Los conflictos señalados anteriormente han significado el desembolso de 48.000 millones, cifra récord en gastos, a fines deI 2020.

La pandemia también ha agravado enormemente las desigualdades: la riqueza de los 10 hombres más ricos del planeta ha aumentado en 413 millones de dólares promedio el año pasado. Más datos lo encontramos en el mencionado Informe Oxfam 2021.

Actitudes

Convengamos que el hambre en el mundo es un mal, al menos tanto como el virus de la pandemia. Es un mal en sí, que llega al escándalo. "Tuve hambre y me distes de comer; tuve sed y me saciaste” (Mt 25:30). Es Jesús mismo el que te pide una actitud no consumista ante la vida. Crezcamos en capacidad de crear condiciones de trabajo digno para hacer desaparecer este mal, y hacer crecer en cambio, el pan de la esperanza. Globalizar la proximidad, cuidar del frágil, ser sensibles al grito del pobre, alimentar en nuestro corazón al buen samaritano que duerme, son actitudes que hoy el mundo necesita. El hambre no espera.

 

Desocupación y baja producción

El vertiginoso aumento de la desocupación global y las prolongadas interrupciones del ciclo de la producción alimentaria, han causado un aumento del 40% de los precios globales, llegando a ser el más alto de los últimos 10 años.

 

 

Por Pbro. Dr. José Juan García 
Especial para DIARIO DE CUYO