Como en toda carrera, la bandera a cuadro cayó para buscar alcanzar un éxito con muchos trasfondos políticos, los cuales dependerán de la supremacía numérica de diputados y senadores.

Analizar el mapa político nacional es realmente aterrador para aquel ciudadano ajeno a los cabildeos y negociaciones políticas que ya están en el tablero de las mesas chicas del poder.

Podemos hablar de posibilidades de re-reelección, de seguridad y amparo judicial desde el poder legislativo, podemos hablar de leyes dictadas, sancionadas y promulgadas como trajes a medidas, pero seguro que de lo que no estará en la mente de dirigentes y en la agenda de los políticos será la educación para los próximos tiempos futuros.

Un presente se transita con el aval del pasado y el futuro lo idealizamos o lo construimos ladrillo por ladrillo. Y esta referencia está básicamente dirigida a nuestra educación como sistema constitucional.

Cuando vemos que las distintas facciones políticas han entrado en un feroz juego especulativo de nombres para ocupar los casilleros con más expectativas y posibilidades electorales de ser elegidos en las listas de candidatos para los próximos comicios legislativos del 27 de octubre; tanto oficialismo como oposición están mostrando la misma pertenencia de dirigencia: aquella que marca un leit motiv que subyuga a las aspiraciones personales más acérrimas: "Primero los hombres, luego las ideas y por último el pueblo”, total la marca registrada de estos es la ignorancia política.

Remontarnos a aquellas épocas donde hombres con grandeza pergeñaron la centenaria Ley de Educación 1420, es la retrospectiva que necesitamos hoy para los aspirantes a nuevos legisladores argentinos que lleven al altar de las políticas de Estado a la educación.

Un pueblo que no tiene un norte señero en su educación y en su cultura, está signado a la ignominia de la ignorancia, de la dominación con seudospolíticas bastardeadas por preconceptos que confunden desde la retórica falaz del atril.

Porque toda política de Estado en educación debe conllevar un profundo fortalecimiento de la escuela como Institución rectora desde donde tendrán sus génesis las políticas sociales que se buscan implementar para brindar a las clases sociales y en especial a las franjas etarias más vulnerables y con mayores riesgos a sufrir consecuencias irreversibles como la destrucción de su condición humana en manos de los mercaderes de las drogas. Que es el gran cáncer in crescendo que está padeciendo la Argentina.

Entonces, estamos frente a proyectos políticos hegemónicos donde la educación no tiene prioridad fáctica para alcanzarlos.

Lo que resulta incomprensible es que la dirigencia política oficialista y la opositora plantean un reiterado "Statu Quo educacional” cual si fuera el único camino hacia el éxito electoral.

La ausencia de ideas y de proyectos de envergadura política contra una realidad educativa en resultados paupérrimos, estadísticas de inexcusables razones éticas y valederas, procedimientos deplorables, parece una condición de aceptación generalizada que no hace más que demostrar que no existe alternativas de cambio ni superación en ningún bando político.

El rumbo político, ideológico y moral no puede sustentarse en la conducción personalizada sin límites que la voracidad desbocada de la ambición de poder perpetuo pretende imponer a la ciudadanía desde el gobierno.

Los ministros educacionales provinciales son meros espectadores, sin voz, sin ideas, sin pensamientos, sin proyectos. Son solo actores de reparto en esta mala película argentina que venimos viendo desde que se impuso la entrega soberana de la nación en materia educativa con la Ley Federal de Educación: certificado de defunción de la 1420. Una ley de vanguardia, progresista y con excelentísimos resultados comprobables en el país y en todo el Cono Sur.

Por eso es incomprensible, y seguro lo seguirá siendo; la irracionalidad de los políticos que es espeluznante, pues aún no encontramos la forma de hacerlos reaccionar frente a esta realidad.

Hoy los ciudadanos tenemos la oportunidad de reconciliarnos con la historia reciente, eligiendo a legisladores mandatarios que ejerzan con probidad intelectual y moral su tarea de generar leyes de calidad institucional.

La precariedad educativa adormece las mentes, desorienta la razón, anula el juicio crítico y nos transforma en zombies cuyo único interés es el éxito material sin importar los medios.

La sociedad necesita un despertar, un nuevo amanecer, un horizonte al que debemos alcanzar con la superación personal, el fortalecimiento de los principios morales, recrear verdaderos proyectos de vida para la familia; pero sin esa educación que nos otorgue la plusvalía a cada argentino, seguiremos sometidos al interés ruin que esconde esos "planes sociales” que son atentatorios a la integridad individual y colectiva.

(*) Docente.