En el bienio 1806-1807, dos incursiones británicas ocuparon Buenos Aires y Montevideo, provocando crisis en la autoridad virreinal, a la par que se producía la militarización de la población ‘criolla’, llamada así por ser propia de un país hispanoamericano. Entre 1808 y 1810 los franceses ocuparon España, lo que vino a reforzar la posición de los ‘criollos’ argentinos, que en mayo de 1810 impusieron en Buenos Aires una Junta de Gobierno, que alejó, escindiéndolo, al Virreinato del Río de la Plata, quedando separado del Alto Perú (Bolivia), Paraguay, y la Banda Oriental (Uruguay). Entre 1812 y 1816, mientras San Martín organizaba desde Mendoza su campaña para libertar a Chile y a Perú, el Congreso de Tucumán proclamó la Independencia Argentina, el 9 de Julio de 1816. Ese singularísimo acontecer se convierte, al instante, en el hito más importante en el devenir histórico de nuestro país.

Con esta situación de hecho ‘in mente’, queremos entrever aconteceres paralelos, en tiempo y lugares a extramuros de las deliberaciones congresales. En ese año llegó desde Europa la noticia del regreso de Napoleón Bonaparte, desde la isla de Elba (Italia), produciéndose en Francia ‘su reinado de los cien días’, que se cortó abruptamente con el desastre de Waterloo. En el viejo continente, las monarquías volvían a florecer luego del Congreso de Viena, en Austria, donde se fijó nuevo ordenamiento entre Europa y las colonias (1816).

Buenos Aires está lejos de Europa, pero tiene estrechas relaciones con ella a través del comercio y la política. Si bien se sabe que el escritor francés Benjamín Constan se hace famoso con su obra ‘Adolfo’, de carácter puramente psicológico, y que Rossini asombró al mundo con su ópera ‘El barbero de Sevilla’, otras preocupaciones también mueven el ánimo de los calculados 470.000 argentinos. Todos los ensayos e intentos que se hacen para romper el colonialismo que nos sujeta a España vienen fracasando desde 1810, y ya se hace imperioso, más que necesario, mostrar ‘nuestra cara’ al mundo.

Por enero de 1816, el almirante Brawn anda con sus naves hostigando a Perú, bombardeando sus costas de ‘El Callao’, donde estaba una ingente fortaleza con el mismo nombre. Pero no todos confían en las fuerzas morales y materiales de los argentinos, y el diputado mendocino Godoy Cruz le escribe al entonces coronel San Martín: ‘La independencia no es soplar y hacer botellas’, a lo que recibe más que una respuesta: ‘Mil veces más fácil es hacer la independencia, que el que haya un solo americano que haga una sola botella’.

Al caer el directorio de Alvarez Thomas, y tras semanas de fervoroso trabajo, se llega a la cúspide en el Congreso de Tucumán: Al declararse la Independencia se adopta la bandera creada por Belgrano; se elige con total aceptación, único ‘himno nacional’ al escrito por López y Planes y Blas Parera. Pueyrredón, nuevo Director Supremo; se asciende al coronel San Martín al grado de capitán general, poniéndolo a la cabeza del Ejercito de Los Andes. El dinero para solventar los gastos por cada soldado -fueron más de 5.200-, sería costeado por los comerciantes españoles, a manera de contribución de guerra. ‘El Redactor’, boletín del Congreso, mediante chasqui envía a Buenos Aires la ‘nueva’ de Tucumán, y la capital da mil muestras de regocijo: Empieza a prepararse para su gran destino.

En las familias distinguidas se ha generalizado el ofrecer tertulias, en función de un genuino acercamiento social; en los hogares donde se ostenta un piano de cola o media cola, o aún vertical, la música reclama un lugar de especial regocijo. El invento del piano databa de 1711.

En Buenos Aires el furor lo hace la Lotería, que, con numeroso público, se juega los martes frente al Cabildo. Los números se denominaban ‘cédulas’, y eran vendidos en las esquinas durante la semana.

Como otro aporte a la envergadura que va luciendo la ciudad, en ese tiempo de 1816, se prosigue la construcción de su Catedral Metropolitana -iglesia episcopal de esa diócesis-, con imponente columnata frontal, estilo templo helénico. En paralelo, se erigen torres nuevas en la iglesia de San Francisco, considerada la primera que tuvo la capital argentina. A Francia aún llega la ‘sombra’ de Napoleón Bonaparte, quien luego de derrotado en Waterloo, cumple su destierro en Santa Elena, isla del Atlántico Sur, posesión inglesa a 1800 km de la costa occidental de África.

Como rareza pintoresca, se escapa un mono perteneciente a la familia Morel, cercana a la plaza, y ataca a un grupo de negras que venden patas de vaca cocidas, chicha, tortas, mazamorra, huevos, originando un descomunal desbarajuste. Como ingenio, se descubre que, mediante tratamiento con arsénico, los cueros pueden durar indefinidamente.

En 1816, puede decirse que los argentinos ya se sienten, con pasado, y como dando afiance a esa sensación, Gregorio Funes, llamado ‘El Deán’ -clérigo y patriota-, escribe y publica la primera ‘Historia Argentina’ que se conoce.

(*) Escritor.