De la utopía de una Argentina Supermercado del mundo, a la realidad de góndolas argentinas con presencia de productos agroalimentarios de todo el mundo, la distancia entre la realidad y la potencialidad, esta vez en términos de alimentos, nos revela nuestra ineficiencia y falta de productividad como sociedad.

 

El ministro Cabrera detonó la bomba.

 

La autoproclamada guerra del tomate que abrió un frente de batalla entre industriales argentinos y el Gobierno nacional, es la muestra tangible de como las condiciones de ventajas comparativas y competitivas con que goza la producción de productos agroindustriales de nuestro país, no son suficientes para ser competitivos a nivel de una economía globalizada. En un producto de tan poco valor agregado como el tomate enlatado, su referencia no es aleatoria, en ningún país industrializado del mundo un producto de tan bajo precio y valor agregado permite la competencia de productos importados; solo en esquemas económicos distorsionados como el argentino con su combo de altos costos productivos, logísticos, comerciales y financieros esto es posible.


En estas columnas intentaré desde un punto de vista objetivo analizar la confrontación que enfrenta al gobierno con industriales, explicando las razones y motivos que cada uno esgrimen en su defensa ante esta batalla que promete hacerse extensiva a gran parte de la producción de las vapuleadas economías regionales de nuestro país.


Previo a este objetivo, es importante resaltar que esta confrontación que hoy es noticia es el producto de un dólar para importación a $17, realidad que en las últimas semanas se ha modificado radicalmente a partir de la importante devaluación de nuestra moneda, motivo por el cual opino que la discusión está ante las variables económicas actuales puede parecer fuera de contexto.


Efectuadas estas consideraciones vamos a la postura de las partes: por el lado del gobierno, el pragmatismo a nivel de apertura comercial del que hace gala el presidente Mauricio Macri, choca contra la realidad de una economía distorsionada como la Argentina. Su apertura indiscriminada a la importación de productos externos, que se refleja en el creciente y constante déficit de la balanza comercial, no tiene sustentos ante la realidad de:


* Un mundo actual en términos económicos proteccionista que liderado por la inestabilidad psíquica de Donald Trump tiende a cerrar fronteras y concentrar todos los esfuerzos en el desarrollo de sus producciones locales, con nacionalismos y populismos crecientes.


* Una Argentina con inestabilidad en sus variables macroeconómicas básicas tales como inflación, tarifas, tipos de cambio y costos logísticos, que impiden una competencia en igualdad de condiciones.


* Una política económica tendiente a mejorar la competitividad de la economía Argentina, con un gradualismo excesivo y en determinados casos exasperante, en el cual rubros tales como la presión tributaria, tiene un plan de disminución gradual hasta el año 2023, plazo que en una economía netamente coyuntural como la Argentina se ve como un futuro muy lejano.