En 1810 la Villa de San Agustín de Valle Fértil, tenía 22 años de fundación. El poblado principal se localizaba en el sector Oeste, al lado del río, donde años más tarde se construyó el Dique Lateral que lleva su nombre. Era una villa bipartita integrada por aborígenes de origen diaguita llamados ‘Yacampis”, junto a varias familias españolas y sus descendientes en una población no mayor de 500 habitantes.
Las noticias de los hechos históricos tardaron en llegar por la distancia que debían recorrer en postas o sulkys desde Buenos Aires a las provincias de Cuyo, por lo cual nada sucedió en Valle Fértil durante el mes de mayo.
Recién el 27 julio llegó la noticia a San Juan. ‘Era un día de júbilo y unión como jamás se había visto” (cuentan los historiadores) y de inmediato el cabildo sanjuanino envió información oficial a los jueces pedáneos de Jáchal y Valle Fértil, que eran los únicos pueblos más alejados.
El comisionado del cabildo sanjuanino Don Crisóstomo de Quiroga, llegó a la villa recién el 8 de agosto y cumpliendo con las instrucciones, convocó a asamblea a toda la población vallista, para el 13 de agosto de ese año.
Con asistencia del Comisionado, el cura, presbítero Joaquín Sosa, los jueces Antonio Acosta y Justo Ruiz y el vecindario, la Asamblea vallista tuvo lugar el día señalado.
La información fue aplaudida y festejada por todos, donde por exhortación de los jueces, juraron no reconocer otra autoridad que la de la Junta Patria y todas las que en su nombre gobernaran. Y en alarde de lealtad, todos de pie, hicieron la señal de la Cruz sobre los Evangelios, renovando sus aclamaciones.
Luego la asamblea decidió tratar el nombramiento del diputado, el que se hizo por unanimidad en la persona del Sr. alférez real don José Ignacio Fernández de Maradona, extendiéndose los poderes, en forma semejante a los del pueblo de Jáchal.
Dispuso la asamblea mandar a celebrar una misa en acción de gracias, dos días después, en la pequeña capilla que se ubicaba al centro de la población, a orillas del río, donde se veneraba a la Virgen del Rosario a quien llamaban ‘La Patroncita’, dando tiempo para avisar a los puestos alejados, de Astica, Chucuma, Las Tumanas, Yoca, Asilán, Usno y el ‘Valle de Catana”, (más tarde llamado La Majadita).
Concluida esta reunión -dice el Acta-, todos salieron con vivas a recorrer las pocas callejuelas de entonces, donde se destacaron los hombres y mujeres de color. Tañeron las campanas, hubo salvas de estruendo, el tambor dejó escuchar sus redobles y con gran regocijo y alegría todos gritaron vivas a la libertad, ‘luego los jueces tiraron monedas, que para ello tenían destinado”, como era costumbre en los grandes acontecimientos.
Los asambleístas dieron fe firmando un acta con sólo 25 firmas, (dado que no todos sabían firmar), entre las que se verifican: el comisionado del Cabildo, el cura, los jueces y los vecinos Marcos Burgoa, Joaquín Pérez, Juan Santos Lizondo, Tomás Núñes, Juan José Yubel, Manuel y Andrés Molina, Pedro Juan Paredes, Francisco y Cecilio Acosta, José Luciano Fernández, Francisco Bocanegra, Diego Molina, Policarpio Balmaceda, Pascual Sánchez, Fernando Vildozo, Nicolás Alvarez, Pedro Pablo Valdez, Juan Bautista Vargas y Marcos Escudero.
El Acta original de esta información se encuentra en el Archivo General de la Nación, tomo XVIII, folio 115, y publicada por el historiador Horacio Videla, tomo III, pág. 173- Historia de la Argentina (del historiador Vicente Sierra).
