Todos los 8 de diciembre el Pueblo Viejo de Concepción se viste de fiesta. Una celebración religiosa donde se conjugan muchos sentimientos, cuyo epicentro es la fe y los agradecimientos, más el amor por María, transforman a la "Fiesta de la Virgen" en una cita obligada de la feligresía católica. La Inmaculada Concepción, la Virgen María, es la reina y todos los honores y veneraciones por parte de los devotos que llegan a la parroquia a cumplir una promesa, hacerle un pedido o simplemente a rezar, hace que todos los años la fe se renueve y se potencie aún más en tiempos difíciles como los actuales.


En tiempos pasados, más exactamente en la década de 1940, concurrir a la procesión y caminar junto a la imagen de la Virgen era un alto honor. Era un momento tan especial que marcaba el corazón de los devotos. Los asistentes se vestían con las mejores ropas; los hombres de riguroso traje oscuro, corbata y muchas veces de sombrero en mano. Las señoras también lucían sus mejores vestimentas. Muchos acostumbraban a estrenar ropa para esa jornada tan especial, el día de la Virgen, pues eso era signo de buenos augurios para el nuevo año que comenzaba.


Ángeles y pañuelos en alto

Aquellas familias, ya sea de la familia parroquial o vecinos de Concepción y con niños de corta edad, eran ofrecidos para acompañar a la Virgen en un suntuoso carruaje preparado al mejor estilo celestial. Y allí, al pie de la imagen, muchos pequeños vestidos con túnicas y trajes, como uno se imaginaría a los ángeles del cielo que asoman entre las nubes.


Los pañuelos blancos en alto y en frenéticos movimientos saludaban a la Virgen a la salida del templo, que se multiplicaban al regreso y después de recorrer las calles visitando a todos los vecinos, eran recibidos por una banda de música, fuegos artificiales y bombas de estruendo. Toda esa escenografía hacía estallar los corazones, que en muchos casos las lágrimas acompañaban el ingreso de la imagen de la Virgen a la parroquia y su despedida de la procesión hasta el próximo año.


La alegría que causaba ver a un pueblo agradecido y la bondad de la Virgen, nos hacía ver a todos como hermanos y nos marchábamos con las esperanzas renovadas y agrandada nuestra fe, con la ilusión de volver al año próximo para celebrar la Inmaculada Concepción de María.


La devoción en el "Pueblo Viejo"

Muchos pañuelos blancos que tocaban a la imagen para llenarse de gracias, muchas flores, mientras los rezos y vivas no cesaban por los altoparlantes a lo largo de toda la procesión, y los angelitos juntando las flores para dejarlas en el altar por donde la gente desfilaba para despedirse.


Un mes antes de esta celebración empezaba todo con "El Mes de María" y luego la novena y las misas eran leídas un rato antes de dar comienzos a los ritos. En esas intenciones los devotos pedían por los seres queridos que ya no estaban o en acción de gracias, para que todo vaya bien en la vida.


Hoy me cuentan que ya casi nada es igual, digo me cuentan, porque yo hace mucho que no participo de estos festejos, sólo lo hago adornando con gallardetes, flores y luces el paso de la Virgen cuando por mi calle desfila; y coloco una imagen sobre un trabajado pedestal para que mi casa sea bendecida y que me siga dando fuerzas para mantener mi fe y amor por ella, que estoy seguro que me escucha.


La capacidad de asombro que todavía vive en mí, me emociona y ver tanta gente o fieles rezando a la Virgen por un país mejor, me da fuerzas para continuar mi diario vivir. ¡Viva la Inmaculada Concepción de María!

Por Leopoldo Mazuelos Corts
DNI 5.543.908