Desde el 13 de marzo del año pasado, fecha en que fue elegido Francisco, la Iglesia comienza a navegar en nuevas aguas, llevándola a nuevas horizontes, sin perder la fidelidad al evangelio. Más aún, buscando ser fiel a lo que su fundador quiso para ella: la caridad, la pobreza, la no ideologización y la búsqueda de acercar a todos la misericordia, especialmente a los heridos que ella encuentra por el camino.

Los últimos nombramientos de obispos en la Iglesia universal, y de modo especial en Argentina, ayudan a recobrar la esperanza de cambiar el rostro de ésta, ya que desde hace un tiempo, el retroceso es notable y lamentable. Por esto, somos muchos los laicos que celebramos vivamente el actuar de Francisco, aunque no son pocos los clérigos y religiosos que comparten este sentimiento. Los últimos nuncios apostólicos en nuestro país han promovido a amigos, en general conservadores retrógrados, o miembros de ciertos movimientos elitistas, alejados de la gente, ajenos a los problemas de los pobres, y cuyo interés se centra en el dinero, el poder ejercido al estilo monárquico y no como pastores en medio del rebaño para alentar y salvar.

En el encuentro del Papa con los obispos responsables del Celam en Río de Janeiro el 28 de julio de 2013, precisaba con claridad meridiana los males que la Iglesia debe erradicar, entre los cuales señalaba: la ideologización del mensaje evangélico, el reduccionismo socializante, la ideologización psicológica, la espiritualidad desencarnada, y de modo especial, la propuesta del restauracionismo y del funcionalismo. Respecto a estos dos últimos, el primero busca una solución sólo en la disciplina, en la restauración de conductas y formas superadas que, incluso culturalmente, no tienen capacidad significativa. En América Latina suele darse en pequeños grupos, en algunas nuevas Congregaciones Religiosas, en tendencias exageradas a la "seguridad” doctrinal o disciplinaria. Igualmente, el funcionalismo es paralizante, ya que reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia. Constituye una suerte de "teología de la prosperidad” en lo organizativo de la pastoral. En Argentina son varios los obispos que están en la mira, debido a la prepotencia con la que gobiernan, la corrupción en cuanto al manejo de fondos, incluso favoreciendo a aquellos sacerdotes que mensualmente les pasan una abultada "cuota" pecuniaria, proveniente de colegios parroquiales, mientras que se da la persecución hacia aquellos que les objetan algo.

El arzobispo de Rosario fue alejado de su cargo, y en su lugar fue puesto un pastor del estilo "bergogliano”. Un futuro no promisorio le espera al obispo de Zárate Campana y al de Puerto Iguazú. El primero ha recibido una visita "fraterna” para estudiar su caso, y el segundo ha pedido "clemencia” para no tener que irse de Misiones.

El último nombramiento de Benedicto XVI fue el del obispo de Villa María, perteneciente a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, de la prelatura del Opus Dei. Fue una decisión alentada por el Secretario de la Congregación para el Clero, amigo del candidato, y del entonces cardenal prefecto de ese dicasterio, desplazado ahora a tareas sin relevancia. En un año son varios los sacerdotes que han abandonado esa diócesis cordobesa debido a los problemas con su pastor, quien no admite disensos ni que le objeten su proceder pastoral. Por esto es que algunos de ellos han debido emigrar a diócesis del sur del país.

Pareciera que sólo es considerada y premiada la obsecuencia. Pero el caso más emblemático es del recién destituido obispo del Opus Dei, Rogelio Livieres, de la diócesis de Ciudad del Este, del Paraguay. No sólo protegió al cura Carlos Urrutigoity, denunciado por diversos casos de abuso contra menores de edad, sino que, entre otras cosas, usó de modo discrecional recursos transferidos por la Itapú Binacional para obras sociales, y en una falta total de respeto hacia quien no coincidía con él, declaró en los medios que el arzobispo de Asunción era homosexual. Así es esta gente. Creen que por pertenecer al Opus Dei pueden gozar de eternos privilegios.

Por suerte, el Papa ejerció la "tolerancia cero” contra quien se creía inmune e impune. Luego de la visita apostólica a Ciudad del Este, Francisco decidió proceder a la destitución de Livieres porque sus acciones eran contrarias a la unidad de la Iglesia, una característica que se repite en esta clase de personas alejadas de la figura del buen pastor. Pero no todo queda ahí. Tuvo la osadía de escribir una carta criticando la medida pontificia, incluso echando en cara al Papa, que "deberá rendir cuentas ante Dios” por haberlo sacado de su puesto, olvidando que él también deberá rendir cuentas, ante todo por sus faltas de caridad, la primera de las virtudes, contra el episcopado paraguayo, contra quienes pensaban de manera diferente a la suya, y contra el Papa.

Sujetos como este obispo, que piden obediencia a los sacerdotes y a sus fieles, resulta que ahora ha creado su propia página resaltando la cantidad de bautismos, parroquias creadas, matrimonios y seminaristas que han ingresado durante su período. Algo similar a lo que hacía el corrupto fundador de los Legionarios de Cristo. Pero resulta que de esos 200 seminaristas que dice tener la diócesis, el noventa por ciento no son de Ciudad del Este sino de otras diócesis de Uruguay, Argentina, Brasil y Europa que han sido echados de sus diócesis.

Lo más curioso es que él, quien dice ser fiel a la Iglesia, ha creado un módulo en internet en el que pide que se lo apoye, contradiciendo la decisión de Francisco. Por suerte, existe un Papa que no se deja intimidar por nadie. Menos aún por quienes se creen que por pertenecer a un movimiento de Iglesia aferrado al poder, a las influencias, o al dinero, piensan que siempre debe aceptárseles todo lo que hacen o dicen.

El Papa merece todo nuestro apoyo para que la reforma iniciada en la Iglesia avance sin detenimiento, la corrupción sea desenmascarada, y el estilo cristiano marcado por la misericordia sea la impronta que ilumine su labor.