Sergio Massa, Patricia Bullrich y Javier Milei, los tres candidatos que obtuvieron más votos en las Primarias (PASO), se disputan la presidencia de la Nación.

Tal como lo anticipara Cristina Kirchner, el panorama eleccionario se ha dividido en tres tercios, que tienen a Javier Milei, Patricia Bullrich y Sergio Massa como aspirantes principales a la primera magistratura. Las PASO quedaron atrás, ganará el que acumule más votos, por supuesto, pero fundamentalmente quien cometa menos errores, y sea más claro en sus propuestas. Quien menos orificios deje al exponer sus ideas, para blindarse de los sablazos que estarán lloviendo de parte de los oponentes.

Y es así como le está yendo al candidato individualmente más votado, Javier Milei, quien justamente por ser quien lidera, está sometido a la lupa impiadosa de sus adversarios y también de los analistas políticos. El electorado, mira, lee y escucha.

La sorpresa de las PASO

La creencia general es que cualquiera de los tres aspirantes habrá de mantener el voto obtenido en las primarias. Pero hay una amplia mayoría de ciudadanos, un 30%, que se abstuvo de ir a votar, y otro número importante que eligió alguno de los candidatos que quedó fuera de carrera. Ese conglomerado es el que se ha convertido en coto de caza para los tres aspirantes.

"Todo el mundo habla de Milei", dijo un reconocido analista, dejando en la duda si eso era bueno o malo. Los periodistas con él son más incisivos, más insistentes, sobre todo en las repreguntas, que tanto temen los entrevistados. Y el dictamen que hasta el presente se puede emitir, es que el libertario estaría acertando, en cuanto a dejar en claro su política de equilibrio fiscal. Pero estaría derrapando cuando, como él dice, "toma la motosierra" y emprende a diestra y siniestra contra todo concepto que suma al gasto estatal. 

Su verborragia y vehemencia causan estremecimiento y la sensación es que se está frente a un ser sin continencia emocional. Que despotrica contra "la casta", el Banco Central, el Estado, las empresas públicas, la administración de la salud, de la educación, el Conicet, en fin, sobre instituciones que son básicas y no se entiende cómo va a prescindir de ellas, volcándolas, como dice, a los privados y dejándolo todo en manos de la competencia.

Estas son cuestiones que ya, aun en quienes cultivan las ideas liberales, fueron superadas hace mucho tiempo. La idea de que la "mano invisible" del mercado y la competencia habrán de resolver el problema del bienestar social pertenece al pasado. Como también, por otro lado, es arcaica la idea del Estado protector, planificador de la economía y rector de la vida y obra de los ciudadanos.

Ganará el que acumule más votos, por supuesto, pero fundamentalmente quien cometa menos errores, y sea más claro en sus propuestas. Quien menos orificios deje al exponer sus ideas, para blindarse de los sablazos que estarán lloviendo de parte de los oponentes.

Colocarse en un extremo

Milei, en definitiva, se ha colocado en un extremo que ya probó su ineficacia, y fomentó la desigualdad. El liberalismo a ultranza, que no es precisamente un liberalismo moderno, ya no va. El imperio de esa especie de ley de la selva, donde siempre gana el más fuerte, fue de las primeras objeciones que se le enrostró a esta teoría en sus albores.

Hubo otras mentes que la fueron actualizando y adecuando a un mundo que buscaba desarrollarse en base al mérito, al trabajo, al esfuerzo, a la inventiva, poniendo al alcance de todos la oportunidad de escalar socialmente. Y eso obligaba a poner el foco en todo el arco social, representado tanto por el capital como por el trabajo, complementándose virtuosamente. No se ha encontrado hasta ahora mejor método que la democracia, ni mejor sistema que el de las instituciones republicanas funcionando a pleno, para asegurarse una sociedad libre y con apego a las leyes.

Milei fue el candidato más votado. Aun en distritos pobres. Es decir que hay una porción significativa del electorado dispuesto a hacer un sacrificio para llegar al anhelado déficit cero y terminar con la inflación. Pero el candidato libertario se ha subido a esa ola, ejemplar y honesta, para aprovechar este momento de caos y tomar por su cuenta el hacha y el machete. En una suerte de "vamos por todo", estrategia de poder que, ya se comprobó, no trae buenos resultados. Por autoritaria y ajena al orden jurídico y social. Con ese método, la Constitución, estaría de más.

El daño mutuo

Los de Juntos por el Cambio están por ahora en posición expectante, de estudio, esperando las pifias de su adversario para sacar ventajas, y mostrarse como alternativa superadora. Incluso operan la idea que Milei ganó porque Massa lo ayudó para dividirles su voto. Sigo pensando que tanto Bullrich como Larreta se hicieron tanto daño mutuamente, tantos goles en contra todo este tiempo, que dejaron escapar, por ahora, una gran oportunidad para establecer supremacía en las urnas. Tal vez el abrazo conciliador entre ambos sirva para octubre. Tal vez. Hubiese sido preferible que se dieran cuenta antes dónde estaba el verdadero rival.

El ministro que es candidato

Mientras tanto, Massa sigue haciendo su peligroso equilibrio entre ser candidato y ministro de Economía a la vez. Y no le sale bien ni lo uno ni lo otro. Los horribles números de la economía así lo certifican, a la par que crece en forma alarmante el clima de crispación y desestabilización en toda la población, profundizado por la inseguridad, tema al que no contribuye la elección de Raúl Zaffaroni, artífice del garantismo, por parte del Papa en el Vaticano.

 

Por Orlando Navarro
Periodista