En los últimos días se han reiterado demandas para subir los sueldos de distintos sectores, demandas que van -según los casos- del 25% al 31% lo cual no es fácil para quienes manejan la actividad pública y tampoco para quienes dirigen actividades privadas.
Estos pedidos deberían hacerse luego de un diálogo entre los empresarios y los sindicatos para no dañar ni los bolsillos ni las tenencias de los trabajadores ni la disponibilidad real de los empresarios. Pero hasta ahora ha sido difícil dirimir situaciones a través de diálogos lo cual demuestra dos cosas, primero que nadie está conforme con lo que gana, segundo que no hay diálogo entre los sectores que necesitan de él.
La disconformidad es casi tradicional en la Argentina y ello hace que se nos mire desde afuera -desde otros países- como gente que nunca está de acuerdo con nada y que permanentemente está disconforme.
Lo que no se tiene en cuenta. No estar de acuerdo va generando oposiciones, desuniones y desacuerdos que luego pesan en asuntos que el país necesita resolver para una mejor administración de sus actividades y para poder ver más claro los objetivos en danza.
Argentina es un país fabulosamente rico pero los habitantes se quejan como si fuera pobre, como si faltaran fuentes de trabajo, productos comestibles, campos para sembrar, semillas o riego. Tenemos de todo: tierra cultivable con diferenciaciones de productos según la geografía y el clima, emprendimientos para alcanzar mejores rendimientos de los cultivos y gente que tiene donde trabajar, aunque haya todavía un alto índice del trabajo "’en negro”.
Pese a los beneficios naturales, se asumen protestas que tienen que ver más con las conductas de personas de países áridos que con nosotros que a veces no reconocemos las bondades de la tierra y del clima.
No obstante, hay oposiciones que a veces expresan la controversia que tiene lugar en el proceso de formación de la voluntad política y de la adopción de decisiones pero de cualquier manera se actúa en un marco de respeto y de aceptación de "’reglas consensuales” del juego político. Recordemos que la oposición está vinculada a otros conceptos o fenómenos de la política, como libertades o derechos políticos, pluralismo, alternancia en el poder, y aparición espontánea de conflictos.
No hay que alarmarse porque haya oposición porque ésta es el resultado del ejercicio de libertades y derechos como la libre expresión, asociación y reunión y, por cierto, de sufragio, lo cual incluye a todos los ciudadanos.
Por otra parte, la oposición sólo aparece en sociedades pluralistas, en las cuales se garantiza la libre expresión de ideas e intereses y el funcionamiento de grupos que los encarnan. Además, la oposición se relaciona con la alternancia en el gobierno y ese es uno de sus rasgos principales.
Nuestro escenario real puede ser destacado por algunos países que no tienen ni tierras ricas ni capacidad productiva. Eso se entiende porque cuando se mira hacia fuera se compara y cuando se compara aparecen ideas relacionadoras sobre el tema.
¿Nos falta diálogo?… Sí, nos falta diálogo cuando se ve el siguiente paso pero no se quiere mirar hacia el futuro, cuando el pluralismo desaparece de la escena.
El diálogo es la acción de hablar con una o más personas, contestando cada una a lo que la otra ha dicho antes. Este es el concepto que incorpora el Diccionario de Uso del Español de la lingüista María Moliner.
Por lo general en las sociedades exaltadas -y tenemos algo de eso- no se escucha a una persona para contestarle sobre lo que ha dicho antes. No, cada uno asume su rol dialéctico sin tener en cuenta al otro. Y, así no se pueden sacar conclusiones constructivas. Por el contrario, o se produce un vacío conceptual o cada uno mira para otro lado defendiendo en silencio sus propias ideas, el diálogo no pasó por la intención de nadie.
El diálogo no es practicado ni por los políticos. Un buen número de ellos se creen poseedores de la verdad única y, de esta manera, no dialogan, no atienden posiciones ajenas y, en definitiva, no saben lo que piensa el otro. Así se produce un ostracismo intelectual que genera pobreza de ideas porque se repite siempre lo mismo sin calcular cuánto afectan esas palabras a los demás, sobre todo a los ciudadanos comunes.
Nadie podrá arrepentirse jamás por haber dialogado, por haber escuchado la opinión del otro con un silencioso respeto, porque el saber escuchar es la puerta grande que conduce al diálogo y desde éste a la acción.
Se trata además de una práctica ciudadana y democrática. Cuando se escucha al otro se abren distintas posibilidades de opinión y ello juega a favor del entendimiento mutuo y de la comprensión.
