La crisis de las hipotecas subprime en EEUU, en 2008, no fue la primera en la larga historia de las crisis mundiales, pero si la más específicamente enraizada en el sector de la vivienda.

Los análisis son coincidentes en señalar que si bien la eclosión de la crisis fue por el impago de las hipotecas que servían de garantía a los préstamos otorgados para la compra de viviendas, su causa primera se encuentra en otro sector de la economía, que es el financiero.

Todo arrancó por la baja de la tasa de interés en EEUU, ya que la Reserva Federal, llevó el valor de la remuneración del dinero, prácticamente a cero.

Ello ocurrió porque se venía de otra crisis, la del 2001, que se manifestó en dos planos diferentes, uno, en el sector financiero con la crisis de las punto com. Y el otro en la guerra que emprendió EEUU en Irak.

Es decir, que, para salir de las crisis en el sector informático y bélico, abarato el precio del dinero, para reactivar la economía colocando capital asequible a disposición de la demanda de dinero.

Y el mercado tomó esa oportunidad llevando a los bancos a formalizar préstamos a partir de la pauta decidida por la Reserva Federal, con lo cual se obtuvo el fondeo necesario para hacer crecer el mercado de la oferta de la vivienda.

De ese modo se llegó a ubicar una enorme cantidad de operaciones contractuales de venta de viviendas garantizadas con hipotecas. El negocio marchó en forma creciente suministrando una efectiva solución a las familias, y arrojando, por otro lado, unas ganancias apreciables para todos los agentes intervinientes. Pero creció tanto el negocio que los bancos e inmobiliarias veían que todavía había margen para aumentar las ganancias sobre el supuesto de que los precios de la vivienda mostraban una tendencia firme al alza. Y con la mira en esa perspectiva de la vivienda al alza, se securitizaron las hipotecas, es decir, se colocaron en un solo paquete contratos con alto, medio y bajo riesgo de pago. Y esos activos financieros fueron calificados por las aseguradoras de riesgo, dándole el sello de calidad necesario para que numerosos inversores entraran al negocio. Pero en un momento empezaron los impagos porque se generó una diferencia entre el precio real de la vivienda con el valor nominal de la operación. Con esa vicisitud en el horizonte, los deudores siguieron pagando, pero cuando los precios reales fueron superados de modo considerable por el precio nominal, entendieron que no tenía sentido pagar un valor que no los capitalizarían en términos reales, ojalá agotaran el total de las cuotas debidas. Entonces todo se derrumbó.

Estas burbujas tienen un denominador común, y es que el mercado atraído por el riesgo de generar ganancias, innovan con una sofistificación de los instrumentos de obtención de más ganancia, y así alcanzan la securitización, es decir, la venta de derivados financieros. Y lo notable es que esa espirilización se hace a partir de un ingente y laxo apalancamiento aportado por el financiamiento público combinado en fase sucesiva por el de los inversores privados que buscan permanentemente nuevos márgenes de ganancia, sin analizar a conciencia plena la viabilidad del ciclo total, sobre todo el financiero, y su eventual agotamiento, cuando falla la plataforma real del negocio y decae.

 

 

Por Dr. Mario A. Luna y Fabián Núñez
Expresidente y exsecretario del Concejo Deliberante de Jáchal, respectivamente.