Ha vuelto a postularse el facilismo y el clientelismo como forma posible de vivir. 

Casi sin darnos cuenta, estamos asistiendo a uno de los mayores intentos de demolición de las instituciones de la república. El fracaso del gobierno de Macri será recordado por la historia como una posibilidad frustrada, de detener los estropicios del populismo totalitario, que viene socavando las estructuras básicas de la nación. Su fracaso, fue condimento para que vuelva a imperar aquella estrategia de demolición, que consiste en arrasar todo atisbo de racionalidad, sanos procederes y objetivos claros y contundentes que tiendan a recuperar lo que fuimos, una gran nación. Vale aclarar que estas son políticas nacionales. A nivel provincial, afortunadamente impera la coherencia. Hay superávit fiscal, aumento del producto bruto y descenso del desempleo, entre otros índices positivos.

Ha vuelto a postularse el facilismo y el clientelismo como forma posible de vivir. Para ello hicieron falta varias acciones, como por ejemplo, la remoción de la estatua de Colón, como uno de los varios intentos de reescribir la historia. La liberación de presos, tolerar y ser cómplice del narcotráfico, el juicio público a la Corte Suprema, la aparición de Justicia Legitima, son también partes de esa estrategia.

La construcción de un enemigo y la necesidad de que existan fuerzas conspirativas, son imprescindibles para la supervivencia de los amantes de la fábula.

Refugio de inmigrantes y expulsados de Europa

Fuimos un faro en el cono sur. Un lugar donde se refugiaron miles de inmigrantes, expulsados de una Europa que ya atisbaba los estropicios de la primera gran guerra. Y, a mitad del siglo pasado, de la segunda, huyendo de las experiencias totalitarias del nazismo, el fascismo y el comunismo.

¿Cómo se puede llegar tan lejos, con un discurso que promueve la anomia por sobre el buen sentido y el orden? Me imagino las trabas y cuestionamiento que debió soportar a su tiempo Copérnico, hasta que Kepler y Galileo certificaron sus afirmaciones, cuando desbarató la teoría geocéntrica y comprobó mediante estudios empíricos que en realidad los planetas giran alrededor del sol. ¿Cómo habrá sido tratado hasta entonces? Seguramente de loco, embaucador, o cosa parecida. Porque el relato tiende, a seducir los oídos y a rechazar aquello que pueda retratarnos otra realidad, que nos obligue a replantear nuestras ideas y formas de vida.

Es una lucha, y se hace muy difícil si yo afirmo que esto es una silla y otro sostiene que es un perro, por ejemplo. Los amantes del relato se sienten cómodos inventando realidades de humo, porque llegan mejor al oído poco entrenado en el saber. La ignorancia a que lleva, interesadamente, una educación pobre, escasa o nula.

Dato mata relato

La contundencia de los hechos, mata el relato. O, dicho de otro modo, dato mata relato. La construcción de un enemigo y la necesidad de que existan fuerzas conspirativas, son imprescindibles para la supervivencia de los amantes de la fábula. Decir, por ejemplo, que "los formadores de precios son los responsables de la inflación" es una falacia que pronto cae frente a la evidencia de que esos mismos formadores son empresas internacionales que operan no sólo en nuestro país, sino también en Chile, Uruguay o Brasil. ¿Cómo es que en estos países, con índices de inflación mensual ubicados entre 0% y 1%, no repiten las mismas maniobras abusivas sobre los precios, que al parecer les encanta practicar aquí? ¿Tan malos son, tan malos somos? Ese relato desconoce, a sabiendas creo, que la inflación es un fenómeno monetario, que degrada nuestra moneda y hace que los proveedores de bienes y servicios se sientan en la necesidad de cubrirse frente a la incertidumbre que nace, a partir de la venta de un artículo que no saben a qué precio habrán de reponer mañana. Dato mata relato.

Entonces cambio de conspirador y digo, como sostuvo la vicepresidenta en La Plata, que son "las políticas del Fondo Monetario Internacional" las causantes de la inflación. Cuando es justamente el Fondo, nuestro acreedor, el más interesado en que ordenemos la economía, terminemos con el déficit de las cuentas públicas y acabemos con la inflación, porque lo que quieren es cobrarse sus acreencias. Un banco cualquiera de plaza, lo primero que hace es analizar los balances y la capacidad de una empresa para producir ganancias, para entonces otorgar un crédito. No lo hará con quien sea deficitario, gaste más de lo que produce y vende, o no sea ordenado en el manejo de su microeconomía.

Otro relato de estos días, de fuertes corridas bancarias, dice "es la maldita derecha, los operadores financieros, los especuladores, los culpables de la disparada del dólar". Falso. El dólar sube porque el peso vale cada vez menos, y los "malditos operadores" no hacen más que refugiarse en la seguridad de la divisa extranjera, frente a la irresponsabilidad de quienes emiten sin parar. ¿Son avivados?, puede que sí, pero no hacen otra cosa que aprovecharse de una economía vulnerable y no perder posiciones.

De nuevo: esos "operadores" también existen en Chile, Brasil o Uruguay, países en que estas cosas, las corridas, habitualmente no existen. Consulte con algún conocido que haya visitado por ejemplo Brasil, si allí padecen el karma del dólar, como aquí. Comprobará que no. El real es su moneda de cambio y del dólar se acuerdan cuando hay que importar o exportar, no para sus transacciones cotidianas. A repasar la sentencia del líder: "La realidad es la única verdad".

 

Por Orlando Navarro
Periodista