Judas Iscariote es señalado como el apóstol que traicionó al Maestro


Hace algún tiempo decidí dejar volar mi imaginación y preguntarme, ¿qué sucedería si se me encomendara la defensa de Judas Iscariote? Claramente la aceptaría, pero para ser coherente con la situación, no emprendería el camino de una defensa en términos legales o jurídicos, lo cual entiendo un error, pues no se puede pretender aplicar a hechos tan pretéritos cánones actuales sin caer indefectiblemente en una distorsión o equívoco del razonamiento. Es por ello que intenté ensayar una "defensa" desde la lente de la "comprensión". Ahora bien, el agregado "Iscariote" al nombre de Judas refiere a su lugar de origen, la ciudad de Queryyot, cercana a Hebrón, al Sur de Judá. Judas pertenecía a un grupo del pueblo hebreo llamados "Zelotes", este surgió en la época en que Herodes el Grande era el Rey de Judea (37 a.C a 4 d.C), el cual funcionaba como una especie de "guerrilla" contra el dominio del Imperio romano.

Acusado de traidor y ladrón


Si bien Judas Iscariote es señalado como el apóstol que traicionó al Maestro, lo cierto es que esta no es la única imputación que pesa sobre su cabeza. También se le endilga haber sido un "ladrón" de sus propios compañeros. En el evangelio de Juan, 12, 3-6, se narra el episodio en el cual Judas se enojó cuando una mujer bañó los pies de Jesús con un costosísimo perfume de nardo puro, y se dice que él afirmó que con el valor de dicho perfume se podría haber comprado comida para los pobres, aunque sus reales intenciones era quedarse con el dinero, puesto que él era el responsable de la bolsa común. Lo cierto es que esta imputación no tiene más prueba que la del evangelista que la cuenta, pudiéndose presumir que tal vez afinca en la animadversión que Judas provocó en sus compañeros por lo que hizo después. La más grave de las acusaciones con las que Judas tuvo que cargar a lo largo de los siglos fue la de "traidor". La traición es la falta que comete una persona que no respeta la lealtad y fidelidad debida a otra. Por cierto, la persona "fiel" es aquella que es firme y constante en sus afectos, obligaciones o ideas, y cumple con los compromisos contraídos con alguien o algo.


Idea mesiánica


Como ya se dijo, Judas era un "Zelote" y como lo expresa José Antonio Págola, ellos estaban convencidos de la siguiente idea mesiánica: "Dios intervendría de manera poderosa y violenta para liberar a su pueblo destruyendo a quienes oprimían a Israel y castigando a cuantos rechazaban su Alianza. En tiempos de Jesús, nadie dudaba de la fuerza violenta de Dios para imponer su justicia vengando a su pueblo de sus opresores. Sólo se discutía cuándo intervendría, cómo lo haría, qué ocurriría al llegar con su poder castigador. Todos esperaban a un Dios vengador". Sin lugar a dudas, Jesús sabía cómo pensaba Judas cuando lo llamó para unirse a su grupo, así como también sabía cómo pensaba el pescador Pedro.


Pedro y Judas


Ya que nombramos a Pedro, ¿por qué a este pescador de Cafarnaúm no se le achaca tanto como a Judas por haber negado tres veces al Maestro? ¿No son acaso esas negaciones una forma de "traición"? El jesuita José María Rodríguez Olaizola expresa que Pedro negó al Maestro por miedo, y que tanto él como Judas se despertaron en un momento y se dieron cuenta de lo que habían hecho, sintiendo el peso de la "culpa". Pero Pedro fue capaz de enderezar el rumbo, pues reconoció su error y tuvo la valentía de afrontar las consecuencias de sus propios actos. Así, mientras Pedro fue en busca del perdón del Maestro, Judas se quedó atascado en el dolor y la culpa, lo cual terminó en su suicidio. Judas no entendió. La mirada de Dios sobre el ser humano no es la de un juez implacable, sino la de un Padre Misericordioso. Dios conoce de qué estamos hechos, por eso es capaz de abrazar lo frágil, lo imperfecto, lo equivocado.


La última cena


José Luis Martín Descalzo, al describir la escena de la última cena, permite ver que cuando en el evangelio de Juan (13, 27) se dice "Satanás entró en él" -en Judas-, la presencia del apóstol comenzó a hacerse insoportable para Jesús, donde estaba Satanás no podía estar Jesús. Por eso, Jesús, más que ordenar, suplicó: "Lo que vayas a hacer, hazlo pronto". "Y salió de prisa", como si alguien le tirase de su alma. Y era de noche. Era de noche en el mundo y en el alma de Judas.


Como ya dije, he pretendido comprender a Judas. Judas tuvo enturbiado el entendimiento, sí, durante todo el tiempo que pasó junto al Maestro no logró entender de qué se trataba su mensaje y su Nueva Alianza. Siguió pensando como un Zelote, no logró la "metanóia", es decir, el cambio de raíz (de mentalidad). No pudo entender que la llegada de Dios no puede ser violenta y destructora. La verdadera revolución de Jesús es la del amor, amar a todos, a los enemigos, amar hasta dar la vida.

Juan Manuel García Castrillón
Abogado