El papa Francisco, en su Exhortación Apostólica Amoris laetitia, exhorta a los padres católicos a una tarea indelegable: la "transmisión de la fe''. Escribe el Papa: "La Biblia considera a la familia como la sede de la catequesis de los hijos... La familia es el lugar donde los padres se convierten en los primeros maestros de la fe para sus hijos'' (AL, 16). "La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe... el hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo (AL, 287). "La familia está llamada a compartir la oración cotidiana, la lectura de la Palabra de Dios y la comunión eucarística para hacer crecer el amor y convertirse cada vez más en templo donde habita el Espíritu'' (AL, 29). En primer lugar, en la familia se transmite el "contenido'' de la fe: el Credo, mediante el conocimiento del Catecismo y de la Biblia. Ciertamente la primera iglesia es la "ecclesia domestica'' (Catecismo, 1656), "primera escuela de vida cristiana'' (Catecismo, 1657) o sea, es el mejor ámbito natural para aprender a vivir como hijos de Dios. La catequesis comienza en la familia desde los primeros años, para que el niño comience a amar a Dios, "siendo los padres instrumentos para su maduración y desarrollo'' (AL, 287).

 

La tarea formativa de padres a hijos se dificulta por el estilo de vida actual o complejidad del mundo.

 

En segundo lugar, la fe se transmite por el "testimonio'' y el buen ejemplo de los padres. En la familia se debe vivir de acuerdo a la Ley de Cristo; con esto les permitimos a los hijos encontrar en la familia un auténtico "Evangelio vivo''. La práctica de las "obras de misericordia'' ilustra ampliamente cuál es el modo de vivir la caridad. Vivir el Evangelio implica crear un clima en el hogar en el que se lleva a la práctica la virtud de la caridad: el amor se aprende, se hace vida, cuando los hijos ven el ejemplo de sus padres.


Por último, la fe se transmite enseñando a "pensar desde la fe'', o sea, a "ver'' las cosas y la realidad con los ojos de la fe. Aspectos básicos de la vida, tales como el amor, el trabajo, la enfermedad, el dinero, los bienes materiales, el matrimonio, lo que sucede en el mundo, los problemas que se van presentando en la vida, etc., se deben "mirar'' con criterios de discernimiento basados en la fe. Principios tales como: "es más importante lo espiritual que lo material''; "es más importante el "ser'' que el "tener''; "estamos en este mundo para ganarnos la eternidad junto a Dios''; "no se puede alcanzar la felicidad sin sacrificio y abnegación''; y tantos otros principios que Cristo nos transmite en el Evangelio.


Esta tarea formativa "se dificulta por el estilo de vida actual, por los horarios de trabajo, por la complejidad del mundo de hoy donde muchos llevan un ritmo frenético para poder sobrevivir'' (AL, 287). Sin embargo, aun en medio de las demás obligaciones laborales y sociales, los padres deben procurarse tiempo y esfuerzo para formar a los hijos en la fe. "Los padres tienen el deber de cumplir con seriedad su misión educadora'' (AL, 17).

 

Ricardo Sánchez Recio - Orientador Familiar, Lic. en Bioquímica