
La tierna voz de La Moro se ha extinguido. Pasará al reservorio sentimental imperecedero de la poesía, a la que ni la muerte puede derrotar. Por eso, seguramente, todo lo que en vida dijo bajo la forma de ruiseñores secretos, pero de canto prodigioso, servirá a las almas sensibles.
Fue esposa de Mario Teruel, líder de Los Nocheros. Sus poemas nutrieron gran parte del repertorio del prestigioso conjunto, que se presentó en la escena nacional con una mixtura de tradición y de música melódica, tentación que gran parte del folklore ha tenido y tiene.
La Moro puso su mano creadora en ese sueño que le dio al grupo un matiz de evolución muchas veces criticado, aunque justo es decir entregó a las melodías que fueron llegando a la gente su impronta lírica bajo la forma de poemas empecinados de amor y bellas historias indiscutiblemente humanas.
En los momentos de su formación y salto a la fama, tuve contactos muy valiosos y afectivos con el conjunto, particularmente con Mario y Jorge Rojas que entonces lo integraba. Una noche que se presentaban por primera vez en San Juan, Hugo De Bernardo, el empresario artístico que los trajo, me ofreció el contacto con ellos de un modo curioso pero muy grato: dentro del colectivo que los había traído. Allí charlé amablemente con estos dos integrantes, quienes me contaron que desde los comienzos cantaban en Salta y el país mis canciones, de las cuales recordaban bien sus letras y melodías. Desde entonces, intercambiamos comunicaciones epistolares, especialmente de tarjetas propias de las fiestas de fin de año.
Pero a La Moro no tuve la satisfacción de conocerla. Hasta que, con profunda tristeza, veo en el Face, con motivo de su fallecimiento, un enternecedor video donde canta en su casa, con su esposo y su hijo, una bellísima zamba que el grupo hizo muy popular, cuya letra pertenece a ella. Invito a quienes no han visto este testimonio que lo ubiquen y conocerán a una persona muy dulce y sencilla, que canta muy bien, sin estridencias pero con una notable expresión propia de los que saben cómo llegar al alma de los otros.
Una pena que este arroyuelo prodigioso de la vida muchas veces contenga al azar de privarnos de esa gente y de sus abrazos sensitivos, aunque lo que ya construyó en poemas desde su alma jamás podrá ser borrado.
La vertiente creadora ha de cesar al cerrarse los ojos del creador de imágenes y estrujarse el pecho generoso de la gente que ayuda a vivir a partir de su cariño expresado en poesía. Esos serán los versos que nos falten, lo que no es poco para el espíritu, para el crecimiento del amor, para la consolidación de las virtudes humanas compartidas.
La Moro se ha ido a buscar sus lunas al espejismo brutal de los silencios, pero también cosechará melescas de miel en el ida y vuelta que su entrega ha generado para siempre entre la gente sensible.
Desparramarse en amores, dejar a su paso retacitos del corazón para que los tomen tribus anónimas de sensibles, es una tarea de la buena gente.
Realmente me conmovió esa zamba que La Moro nos dejó en las redes como espejo de sus sentimientos . Una muy joven mujer que nació con el don de parir versos para canciones, nos ha dejado. Serán los versos que nos falten.
Por el Dr. Raúl de la Torre
Abogado, escritor, compositor, intérprete
