Las manifestaciones de la Virgen María, se desarrollaron casi simultáneamente con la Revolución Rusa de 1917. Precisamente, en uno de sus momentos más importantes: la segunda revolución de octubre, cuando el Gobierno Provisional fue eliminado y reemplazado por el régimen bolchevique (comunista), el Sovnarkom. Cabe recordar además, que el mundo padecía por esos tiempos, los estragos de la Primera Guerra Mundial.

Los dramáticos sucesos de Rusia no son menores, adquieren especial relevancia cuando en sus mensajes, la Virgen pide la consagración de ese país a su corazón; aunque los hechos mencionados, y aún la misma existencia de Rusia como nación, eran desconocidos para los pastorcitos.

Allí, en medio de este doloroso escenario, la Virgen se manifiesta en seis oportunidades a tres niños: Jacinta, Francisco y Lucía, en Fátima, Portugal, encuentros que les cambiaría su vida personal y de fe, donde la Virgen, como dulce Madre, les pide que vayan a la escuela, recen por la paz del mundo y que hagan penitencia.

Éste fue el mensaje simple que dieron a conocer esos niños, que algunos no comprendieron. Debieron padecer violencia y persecuciones, tanto de las autoridades, como de la gente sencilla que los trataba de mentirosos. Pero también escuchaban la cantidad creciente de vecinos y gente buena, queriendo conocer el origen sobrenatural de las apariciones, y pedidos que le hacían a la Madre de Dios.

¿Cuál fue la reacción de estos niños?, todo lo ofrecían con paciencia, por la conversión de los pecadores, por la Iglesia y por el Papa, transformación que la Gracia de Dios produjo en sus corazoncitos, que aún seguirían sin ninguna queja, sobrellevando al mismo tiempo, la muerte prematura de Jacinta y Francisco.

Cuando este año celebramos el Centenario de estos acontecimientos, la autenticidad de los mensajes y la visita de la Virgen, en Fátima, ya no generan dudas. Fueron confirmados por el "Milagro del Sol”, el 13 de octubre de 1917, al que asistieron 70.000 personas según periódicos de esa época. Todos los cuales fueron testigos, además, de la curación de enfermos y conversión de muchos pecadores.

Y la Madre, en Fátima. Sus mensajes tenían un mismo contenido: penitencia, el rezo del Santo Rosario y la conversión de los pecadores, para conseguir la paz del mundo.

Por todo ello, el mensaje de Fátima está vigente. Vivirlo significa también preservarnos del materialismo y consumismo como único destino del hombre en la tierra.

 

Juan José Leiva. Párroco del Santuario Inmaculado Corazón de María de Fátima