
Los argentinos parecemos condenados, cada tanto, a tener que desviar la atención en temas que ya están resueltos por el veredicto de la historia. A la que algunos pretenden reescribir, tratando de torcerla hacia uno u otro lado, conforme su ideología. Por supuesto que después de ese intento revisionista, nada cambiará en el presente de la sociedad. Todo seguirá igual, o tal vez peor. Por eso, esta misma sociedad mira con desinterés el esfuerzo de esos amantes de bajar estatuas, para poner otras, o cambiar nombres de calles, en fin. Deconstruir la historia, para armar otra, más parecida a un relato, en un pasatiempo ineficaz, e interesado, que declina en importancia frente a la delicada coyuntura que padece la población.
En ese contexto se inscribe el proyecto de la Municipalidad de Bariloche, con el apoyo de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y Bienes Históricos, sobre la reubicación de la estatua del general Julio Argentino Roca. Esta se encuentra ubicada en el centro de la plaza del Centro Cívico de esa localidad, y sería llevada a las cercanías del lago Nahuel Huapi, junto a otras estatuas, entre ellas la de Juan Manuel de Rosas.
El motivo sería liberar el espacio, para que "nada entorpezca la vista al Lago". Excusas. Es un acto de protesta por la promocionada, por ellos, condición de "genocida" de Roca, quien llevó adelante la Campaña del Desierto. Desalojando a los indígenas del amplio terreno que asolaban en el siglo XIX, al sur de lo que es hoy nuestro territorio nacional. Prácticamente, la Patagonia toda.
El General Julio Argentino Roca fue presidente entre 1880-1886 y 1898-1904. Su obra no se agota en su vilipendiada campaña contra los indígenas. Promulgó la ley de enseñanza laica, gratuita y obligatoria, tarea para la cual contó con el empuje de Sarmiento. Esta convertiría a nuestro país en altamente alfabetizado, con niveles superiores a los de toda América.
La estatua de Colón
Ya pasó hace unos años con la estatua de Colón, emplazada detrás de la Casa Rosada, sobre la avenida que lleva su nombre. Bastó que Hugo Chávez preguntara "¿qué hace ahí ese genocida?", y sugiriera fuese reemplazado por alguien de origen indígena, para que Cristina Kirchner ordenara el traslado del descubridor de América, y pusiese en su lugar a Juana Azurduy. Para la estatua de esta, Evo Morales donó un millón de dólares.
El presidente boliviano, de raíz indígena, acaba de firmar pactos militares con Irán, impactando en la seguridad de nuestras fronteras. Los iraníes son, como se sabe, responsable del mayor atentado que sufrió nuestro país. Desacoples que desnudan la incongruencia de estos defensores del indigenismo, y su propensión a abrazarse con dictaduras terroristas.
Todo intento por mirar la historia con los ojos de hoy, sacándola del contexto en el cual se desempeñaron esos hombres, es innoble e induce al error y la confusión. A poner en cartelera temas que diluyen la atención de los problemas verdaderos y apremiantes de la realidad cotidiana.
Ataque a Sarmiento
Igual "suerte" corre repetidamente nuestro comprovinciano, Domingo Faustino Sarmiento, continuamente puesto en cuestión por los amantes del revisionismo. Ponen énfasis en algún defecto, y sacan provecho de él, soslayando las múltiples obras que llevaron adelante. Olvidan que fueron hombres, no ángeles. Falibles como cualquier ser humano, y que merecen la ecuanimidad de un juicio justo, que abarque su obra en totalidad. No fragmentada.
El mejor presidente de la historia
Para muchos, Roca fue el mejor presidente de la historia. El gran constructor de lo que hoy es la Argentina. Antes de Roca, el territorio de nuestro país era un 40% de la superficie que hoy ocupa. Tuvo en su momento el enorme tino táctico y estratégico de iniciar su campaña en el sur, en momentos en que Chile estaba abocado a la guerra del Pacífico, y estaba impedido de actuar en dos frentes a la vez.
La campaña del desierto fue aprobada y autorizada por ley del Congreso de la Nación, y se constituyó en un acto supremo de afirmación de nuestra soberanía. Tan sólo superadas por las guerras de nuestra independencia, encabezadas por el General José de San Martín y Manuel Belgrano, entre otros prohombres de nuestra Patria.
Roca fue presidente entre 1880-1886 y 1898-1904, y su obra no se agota en su vilipendiada campaña contra los indígenas. Promulgó la ley de enseñanza laica, gratuita y obligatoria, tarea para la cual contó con el empuje de Sarmiento. Esta, convertiría a nuestro país en altamente alfabetizado, con niveles superiores a los de toda América.
Terminó con las milicias provinciales y profesionalizó las fuerzas armadas. Extendió la red ferroviaria, integrando al país y promoviendo las exportaciones del agro. Periodo en el cual nuestra nación se convirtió en una de las más adelantadas del mundo. Colaboró decididamente para ello la fuerza del trabajo proveniente de la inmigración, que Roca promoviera en su momento, alentada esta por la promesa de un país en franco desarrollo.
Durante sus dos presidencias firmó tratados de paz con nuestros vecinos, resolviendo conflictos limítrofes por la vía diplomática. Esta enumeración es una síntesis de la enorme gestión del general Julio Argentino Roca, cuya figura empequeñece el estéril esfuerzo de sus detractores, anti roquistas y ONG ligadas a los derechos humanos. Como se ve, el propósito del traslado de su monumento ecuestre no ha hecho otra cosa que traer a la mente de los argentinos su invalorable aporte a nuestro crecimiento como nación.
Por Orlando Navarro
Periodista
