Juana Azurduy, una guerrera auténtica en el Norte argentino.

 

A las mujeres siempre se las ubicó en el rol de madre, esposa, ama de casa, sumisas, generosas, femeninas, gráciles de sentimientos maternales, tanto, que se las marginó de la vida pública, como si no les importara, no tuvieran noción o la capacidad de entender la vida política de su país, invisibilizando su participación activa. Cuando desde siempre las mujeres actuaron como guerreras, enfermeras, espías, y en ocasiones realizando la logística para atacar al enemigo.

En el Día de la Mujer que acabamos de conmemorar, recordar la trayectoria de algunas mujeres que se destacaron por su condición de grandes luchadoras es un acto de justicia y de reconocimiento. Una de ellas fue Manuela Pedraza, que luchó junto en la defensa de la ciudad de Buenos Aires durante la Primera Invasión Inglesa, en 1806. También está María Remedios del Valle, quien participó en la Expedición del Alto Perú junto a su marido y a sus dos hijos. En la batalla de Huaqui alimentó y curó a los soldados heridos y tuvo la experiencia de ver morir a sus familiares en el campo de batalla. Pero esto último no fue impedimento para que esta mujer siguiera batallando en Tucumán y Salta, por lo que Manuel Belgrano la nombró Capitana.

Se suma a este grupo de mujeres Juana Azurduy, la "Amazona de la libertad”. Guerrera de origen indígena participó activamente en las revoluciones de Chuquisaca y La Paz, y después se sumó al Ejército del Norte bajo las órdenes de Manuel Belgrano. Reclutó 10.000 indios, comandó tropas, peleó a la par de Martín de Güemes. Los realistas le temían y respetaban.

Todas ellas pelearon por sus hombres, por la patria y la libertad. Con la bravura de ser madres, hijas, esposas y por el futuro de su familia.

La lista es larga a través del tiempo hasta la actualidad, pero en ellas se resume la bravura de la mujer del sur de América.

La mujer argentina y latinoamericana, las esclavas, las religiosas, las aristocráticas, las nativas, sea cual fuere su origen y condición social colaboraron con lo que tenían a su alcance: joyas, escapularios, rosarios, caballos, enseres, esclavos, comida para el ejercito patriota, despojándose de sus bienes.

Nuevamente hemos vuelto a conmemorar el fatídico 8 de marzo de 1908, donde 129 mujeres murieron calcinadas en la fábrica Cotton (Nueva York) peleando por sus derechos y justicia, lucha que sigue vigente. Ahora sumamos la conmemoración de nuestras mujeres invisibilizadas, aquellas, que como las neoyorkinas gritaron tan fuerte a tal punto que sus voces aún se escuchan. Estas mujeres entregaron sus vidas por una mejora social, por la justicia, por la libertad. Es hora de que escuchemos estas historias y no solo hagamos un intercambio de tarjetas con buenos deseos, es hora de que las honremos con actos de patriotismo, como ellas lo hicieron.

 

Por Miriam Fonseca
Escritora
Miembro de la Asociación Belgraniana de San Juan