En principio, el día de nuestra independencia se conmemoraba sin mayores lucimientos, con algunos ingredientes populares, pero sin apoyo oficial.

Festejar o recordar el 9 de julio como genuina fecha patria, data del año 1835, cuando el entonces gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas, decidió instaurarla. Sin embargo, en tiempos previos a esta acertada decisión, hubo algunos antecedentes al respecto. En general el día de nuestra independencia se conmemoraba sin mayores lucimientos, con algunos ingredientes populares, pero sin apoyo oficial.

En 1826 durante la corta gestión de Bernardino Rivadavia, se firmó un decreto que opacó del todo la celebración de nuestra emancipación, pues se dispuso suprimir su festividad, resolviéndose que esta sería recordada junto a la fiesta del 25 de mayo. Esta actitud gubernamental se fundamentó en el inconsistente pensamiento de evitar otro feriado más, ya que a juicio del gobierno, las actividades comerciales y la industria sufrirían "serios perjuicios".

 

Connotaciones ideológicas

Según algunos historiadores que analizaron la medida, detrás de ella había connotaciones ideológicas, tal como interpretar que a los hombres de Mayo los había animado un auténtico sentimiento independentista, por lo tanto la firma del Acta de la Independencia del 9 de julio, era sólo una simple enunciación de la decisión segregacionista declarada ya en 1810.

La disposición se mantuvo sin mayores cambios durante los años posteriores. Al llegar por segunda vez Rosas al poder y acercarse el 9 de julio de 1835, resolvió, con la autoridad que le otorgaba la suma del poder público, darle un matiz distinto a tal celebración.

 

Nuevo decreto

A través de un nuevo decreto, instituyó la conmemoración oficial del día 9 de julio "como festivo de ambos preceptos del mismo modo que el 25 de mayo; y se celebrará en aquella misa solemne con Te Deum en acción de gracias al Ser Supremo por los favores que nos ha dispensado en el sostén y defensa de nuestra independencia política, en la que pontificará, siempre que fuese posible, el muy Reverendo Obispo Diocesano; pronunciándose también un sermón análogo a este memorable día…".

Esto significaba que además de ser un día no laborable también se asistirá a misa. De esta manera, le confería a la fecha un agudo sentimiento patriótico y a la vez religioso.

Otro párrafo del mandato rosista expresa que en dicho día "se cimentó de un modo solemne nuestra Independencia, constituyéndose la República Argentina en nación libre e independiente del dominio de los Reyes de España, y de toda otra dominación extranjera…". 

 

Por Prof. Edmundo Jorge Delgado
Magister en Historia