En los últimos meses ha recobrado protagonismo mundial el juez español Baltasar Garzón. Su historia resulta muy interesante no sólo para sus colegas de otros países, sino también para cualquier observador, porque se inscribe en la lista de notables personajes de la escena internacional que periódicamente la prensa aborda con generosos espacios.
Lo conocí por mis coberturas periodísticas en Madrid, especialmente en los temas relacionados con el grupo terrorista vasco (originalmente separatista) ETA. Precisamente la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico en España fue su bandera más audaz desde finales de los 80, cuando se reveló como uno de los más jóvenes y notables jueces del Viejo Continente. Siempre fue sorprendente su protagonismo -marcado por su independencia de los restantes poderes del Estado-.
Nacido en Jaén, España, el 26 de octubre de 1955, Baltasar Garzón Real es juez desde los 26 años, en 1981, cuando aprobó lo que en España llaman "oposiciones", para lograr esa categoría. Desde el 29 de enero de 1988 es magistrado de la Audiencia Nacional, organismo de la Justicia española con sede en Madrid, que se especializa entre otros, en casos de terrorismo, narcotráfico y delitos monetarios.
La gran sorpresa de su carrera fue la incursión en política que hizo en 1993, de la mano del entonces presidente del gobierno español, el socialista Felipe González. Para ello, Garzón decidió congelar transitoriamente su carrera en la Justicia, argumentando que intentaría luchar y "poner fin" a la corrupción que parecía comprometer demasiado al entonces gobierno español. Pero puso una condición, sentirse liberado de todo compromiso de partido y depender sólo de Felipe González, a quien él consideraba un auténtico símbolo de la renovación y credibilidad de la democracia.
A tal punto llegó el acuerdo que en las elecciones de ese año, pasó a ocupar el segundo lugar en las listas electorales del PSOE (Partido Socialista Obrero Español). Producida la victoria electoral socialista y confirmada la hegemonía de este partido desde 1982, es designado número dos del ministerio del Interior a cargo del Plan Nacional contra las Drogas. Pero al poco andar, descubrió poca predisposición de la cúpula socialista a tomar medidas enérgicas contra la corrupción, lo que provocó su abandono del gobierno y de la política.
De vuelta a su tarea profesional, se lanzó de lleno a sus temas de siempre, y muy pronto recuperó su imagen de "claramente independiente", mientras la prensa volvía a llamarlo "supergarzón" o "juez estrella". No era para menos, cuando en muchas ocasiones se lo veía en el ojo del huracán de complejos procesos judiciales. A tal punto que alguien escribió que "sólo por su disposición a tomar por los cuernos el problema del terrorismo, Garzón merece un respeto como juez" (Cambio 16, 24/04/1995). Recuerdo que se lo llegó a comparar en sus comienzos más sonados con el juez símbolo de la lucha contra la mafia italiana, asesinado en 1992, y por ello recibía el mote de "el Giovanni Falcone de España".
Y no ha faltado su referencia en el cine, ya que en la película "GAL", el actor español Pedro Mari Sánchez interpreta al juez Sena que en realidad es Garzón, aunque el director de la película, Miguel Courtois, no consideró atinado mencionarlo explícitamente. Por otra parte, centenares de etarras (miembros de ETA) fueron a la cárcel gracias a sus acciones judiciales. Y cuando los terroristas le asesinaron a su colaboradora, la fiscal Carmen Tagle, a finales de los 80, lloró en el funeral y envió al diario "El País" estas líneas: "Necesitamos seguir luchando en nombre de todas las víctimas de la crueldad terrorista, en la única manera que conocemos: confirmando la ley".
En 1999 impulsó una causa penal y pidió la extradición del ex dictador chileno Augusto Pinochet, que se encontraba en Londres para ser juzgado en España, lo que no pudo lograr. Precisamente, tiene muy buena relación con las Madres de Plaza de Mayo, quienes lo han invitado en más de una ocasión a Buenos Aires para dar conferencias y plantearle sus inquietudes.
Una de sus mas recientes intervenciones tuvo lugar el 16 de octubre del 2008, cuando se declaró competente para investigar las desapariciones registradas durante la guerra civil española y primeros años de la dictadura de Francisco Franco. En ese momento, instruyó la apertura de 19 fosas comunes diseminadas en todo el país, entre ellas en la que se supone se encuentra enterrado el poeta Federico García Lorca. Luego se inhibiría al señalar que ya no hay responsables vivos contra quien dirigir la acción penal, aunque considera que los delitos "permanecen" y no prescribieron.
De carácter amable, se lo consideró, desde un comienzo, uno de los jueces más severos de España, al tiempo que se habló de su tenacidad y honestidad, pero también de la "soberbia que le caracteriza". Sin embargo sobre la balanza queda la imagen y trayectoria de un juez modelo que por salir de lo común, ya hizo historia en España y el mundo.
