
A un niño de pocos años, su padre le dio a elegir: 1) te ofrezco comer un caramelo hoy. 2) o comes dos, pero dentro de cinco días. ¿Qué habrá elegido? Obvio, comer el de hoy. Está en nuestra naturaleza. Tiene que ver con el hedonismo, doctrina que combina el bien con el placer, especialmente con el placer sensorial e inmediato, dice la definición. El padre le concedió el deseo al nene, pero le advirtió. "Yo comeré los dos dentro de cinco días. Entonces, espero que no te antojes, ni te lamentes". A los cinco días, el padre saboreaba sus caramelos y el chico lo miraba con cara larga, haciéndosele agua la boca. Había comprendido la enseñanza de su progenitor. A veces vale postergar la satisfacción, para disfrutar el doble mañana. Le estaba incentivando la mentalidad del ahorro. Aquello de, como decían nuestros viejos, "aquel que guarda siempre tiene".
En otro escenario, un señor bastante excedido de peso, buscaba un instituto de adelgazamiento. Tenía dos ofertas 1) "baje de peso sin de dejar de comer". 2) "le diseñamos su régimen de comidas para adelgazar". ¿Cuál habrá elegido? Acertó, el primero. Aquél que no exige sacrificios. Pero ¿le garantiza resultados después? "Ya veremos", habrá dicho el gordito. También ésa es una condición humana. La ley del menor esfuerzo. Aunque, seguro, aquél decidió ajustarse el cinturón, alcanzará antes el objetivo y hasta habrá gastado menos plata.
DECISIONES
Pero ambos ejemplos tienen su otra cara, tan fáciles de encontrar en cualquier libro de autoayuda. Para el caso del niño, no siempre sería bueno postergar las satisfacciones. O sea que eligió bien. "Disfruta el hoy, que el mañana quien sabe si llegará". Se los digo a mis propios amigos, máxime a esta edad donde la "parca" empieza a picotear cerca. En aprovechar los buenos momentos, dicen que consiste la felicidad.
Respecto del caso del gordito, la ley del menor esfuerzo tiene su hinchada también, con sólidas razones. Responsablemente hablando, implica planificar antes de ejecutar, a efectos de aprovechar el tiempo y los recursos. La inteligencia y la creatividad, ayudará a hacer las cosas más simples y correctamente, esforzándote menos. Consistiría en hacer las cosas desde el juego y no desde la obligación, con lo cual evitarás el agobio, la frustración y la sensación que no disfrutas de la vida.
Ahora bien. Estos ejemplos aplican al ámbito privado, a la vida de cada persona individualmente considerada. Para un gobernante, ¿qué le será más conveniente: echar mano a la opción 1, o la opción 2?
Es un gran dilema, porque en democracia existe algo fundamental, que se llama elecciones. Así como aquel padre que se debate entre ser un padre bueno, o un buen padre, el gobernante también se encuentra ante esa opción de hierro. Ser un buen mandatario o un mandatario bueno. Si el objetivo es ganar elecciones, es más que probable que se incline por las opciones 1. Porque la mayoría de los seres humanos tendemos al hedonismo y al menor esfuerzo. Por eso, dicen, tiene tan mala prensa la palabra ajuste. Por eso a Menen, recuerdo, cuando le fustigaron por caer en políticas supuestamente neoliberales, contestó sin que se le movieran las patillas "si decía lo que iba a hacer, no me votaban". O cuando Macri optó por no dar malas noticias, en el comienzo de su mandato, o por hacer gradualismo y abandonó el objetivo de bajar el déficit, cuando se aproximaban las elecciones. Solo dicen lo que habría que hacer aunque sea doloroso, como el cirujano que informa deberá extirpar una pierna, aquellos que tienen pocas chances de ganar en las próximas elecciones. Cuando más lejos estas del poder, más duras son tus propuestas, decía el radical Baglini. Propio del que tiene poco para perder y mucho para ganar.
HACER LO CORRECTO
Y en el medio, el pueblo, deshojando la margarita entre aquél que le promete satisfacciones rápidas, frente al otro que solo ofrece "sangre, sudor y lágrimas" (Churchill, al pueblo inglés durante la segunda guerra). Como el niño y el gordo, optando por comer ahora, aunque no tenga después, o seguir comiendo, aunque no baje de peso. Traducido en términos económicos: darle al gasto, aunque aumente el déficit.
Aristóteles enseñó Ética Política a su hijo Nicómaco, y fue un regalo para la humanidad. Ética, sería actuar haciendo lo correcto, aunque cueste, aunque duela. Para eso, tiene que prevalecer la mentalidad del largo plazo, por sobre el cortoplacismo. Pero, con elecciones cada dos años, ¿quién aplica las recetas de las opciones 2, si quiere ganar? Entonces apareció el gran seductor, Maquiavelo, quien aseveró que ética y política, son términos que se excluyen entre sí. Entonces, terminó con los sentimientos de culpa de aquellos que sentían no estaban haciendo lo correcto. Y se enseñorearon los "pragmáticos", y así le encontraron la vuelta al gran dilema que plantea la ética, obviándola, por supuesto. Donde lo práctico pueda que no sea lo correcto, pero asegura los votos y que las cosas las solucione otro. Si es que gana.
Por Orlando Navarro
Periodista
