La esperanza nos ayuda en la lucha cotidiana porque nos va dando un sentido bueno a lo que hacemos. 

 

Estamos viviendo tiempos desconcertantes. Hay sobrados motivos para estar preocupados, tristes. A nivel mundial hemos vivido la pandemia que arrancó en el 2020 y seguimos con las secuelas; vemos grupos de migrantes que desilusionados por vivir mal en sus tierras buscan un bienestar mejor para sus vidas: de África hacia Europa y de América Central hacia Estados Unidos; la guerra de Rusia y Ucrania donde vemos daño, muertes, destrucción; la constante y amenazante tensión de los países poderosos midiéndose entre sí amenazando la paz y la tranquilidad del planeta; desequilibrios en la naturaleza con el calentamiento global y otras cosas más.

Estamos llamados a vivir con la cabeza en alto y seguir para adelante sembrando la verdad y el bien.

Por otro lado, vivimos una situación a nuestro alrededor, donde la panorámica es poco alentadora: un gran desánimo social apoyado en múltiples factores, mencionamos algunos: una situación económica muy crítica, los trabajadores que, preocupados, hacen malabarismos para poder llegar a mantener a sus familias a fin de mes, el deseo de darnos un gusto y no poder hacerlo porque no nos alcanza el dinero, entre tantas otras situaciones pueden llevarnos a estar desalentados y tristes. 

Somos seres humanos y estamos llamados a vivir felices y entresacar la felicidad en medio de las dificultades. La vida vale mucho y lo que hacemos también. Estamos llamados a vivir con la cabeza en alto y seguir para adelante sembrando la verdad y el bien. ¡Estamos llamados a ser personas de esperanza!

¿QUÉ ES LA ESPERANZA?

Es esa actitud espiritual que impulsa nuestra vida a seguir enfrentado con valentía los desafíos del camino, porque sabemos que al final, llegamos a la adquisición de un bien mayor. La esperanza nos ayuda en la lucha cotidiana porque nos va dando un sentido bueno a lo que hacemos. No es negar o rehuir de la realidad sino construirla y ayudar a mejorar. Es la garantía de los hombres que no hacen pasar la felicidad de la vida por los vaivenes preocupantes de la realidad que opacan el brillo de nuestra alegría. Es tener una mirada más honda. Aristóteles decía que "es el sueño del hombre despierto", es decir, la certeza de alcanzar los propios sueños y la ilusión de no renunciar a ellos.

Un famoso cardenal vietnamita llamado Van Thuan, fallecido en el 2002, que pasó 13 años en la cárcel arrestado por el régimen comunista, explicaba en su libro "Cinco panes y dos peces", que el primer pan de la vida es "vivir el momento presente" como un tiempo de Dios. Aprendió que no podía pasar los años de cárcel esperando con los brazos cruzados deprimiéndose, comenzó a sacar pequeñas esperanzas dentro de la cárcel alentando a sus compañeros, orando con ellos, ofreciendo las incomodidades, los trabajos forzados. Se las ingenio para celebrar la misa con un poquito de vino colocándose unas gotas en la mano y consagraba migas de pan repartiendo con mucho cuidado a sus compañeros. El pan consagrado fue la fuerza esperanzadora para seguir viviendo.

El papa Benedicto XVI en la encíclica sobre la esperanza llamada "Spe Salvi" (Salvados en esperanza) comenta al inicio: "se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino".

 

Por P. Fabricio Pons 
Párroco de Santa Bárbara