Ciudad inteligente
Conceptualmente una ciudad inteligente en el mundo de hoy es optimizar el uso de la energía en todos los requerimientos que surjan de las necesidades en punto a satisfacer con sostenibilidad las prestaciones de los servicios públicos. En ese sentido, tal concepto obligaría a combinar acciones codeterminantes entre entes concedentes públicos y agentes concesionarios de servicios públicos. Por ejemplo, para que ante cada obra o licitación, digamos, por caso, de transporte público de pasajeros, se instaure un compromiso contractual inherente al acuerdo licitatorio, que obligue a ir reemplazando, mediante la inversión adecuada, la calidad de la movilidad. De esta forma se sustituye el combustible derivado del petróleo, reemplazándolo por energías sustentables ecológicas (sustentabilidad ambiental) y económicamente (más barata). San Juan, desde lo potencial, es una región natural privilegiada en estas energías, pues posee, dispone y mantiene excedentes en intensidad de sol y viento, más de lo que le demanda su consumo promedio.
Enriquecer la visión estratégica
Constituye una manifiesta deficiencia estratégica de la visión del desarrollo deseado a futuro, mantener esquemas de transportes en general, y públicos de pasajeros, en particular, donde lo inmediato de lo prestacional y su pago sean lo primordial, evitando focalizarse en una visión del desarrollo inteligente y estructural.
A lo básico tradicional de determinar la prestación y su costo en el marco de una armazón licitatoria normativa, debería combinarse de modo urgente, con un cronograma de inversiones, en punto a ir reconvirtiendo el parque automotor de San Juan, en materia de servicios públicos de pasajeros, y haciéndolo, además, multimodal, esto es, armonizar colectivos a energía solar, eólica, eléctricos, trole-bus, subterráneos y afines.
Conceptualmente una ciudad inteligente en el mundo de hoy es optimizar el uso de la energía en todos los requerimientos que surjan de las necesidades en punto a satisfacer con sostenibilidad las prestaciones de los servicios públicos.
Oferta multimodal de transporte y digitalización
De esta manera lo multimodal reconvertido en base a energías sustentables mediante la aplicación de las tecnología de la información y la comunicación, (automatización por digitalización de los diseños de oferta y demanda) constituye el gran objetivo a aprovechar. Ese es el norte estratégico que debe imbuir a las ciudades inteligentes de San Juan.
Entonces es urgente la combinación de la reducción de costos con el uso de la mejor energía sustentable disponible en base a la aplicación de la mejor tecnología disponible digitalizada. Ya que ello conduciría a una mayor eficiencia que permitiría bajar los precios finales del servicio (productividad).
Optimización y eficiencia energética
De este modo el concepto de las ciudades inteligentes, asume un contenido concreto como modalidad esencial, esto es, que aprovecha energías renovables de baja entropía. Con lo cual, inversiones de este tipo son reproductivas por definición, porque no se agotan en un solo acto, sino que se reproducen sosteniblemente generando valor agregado de modo continuado en el tiempo. Y socialmente dan la oportunidad de bajar los costos de accesibilidad a través del pago de un precio más acorde a los ingresos más menguados. Esto, de suyo, implica servir a su vez al principio de justicia ambiental por la baja contaminación que todo ello implica. En suma, una ciudad inteligente, smart city, interconecta las diferentes áreas como gobernanza, economía, movilidad, medio ambiente, energía, sanidad, seguridad, entre ellas, y permite así ser más eficiente y prestar mejores y nuevos servicios.
Crisis energéticas, madre de todas las crisis
Como se sabe hay una certeza sensible muy probada en la historia, esto es, que las crisis a todo nivel, tienen en su origen una complicación de energía, entendida, ella, como un desajuste temporal entre la oferta (menor) y la demanda (mayor) energética que se salda, de forma habitual, con fuertes incrementos de los precios de las distintas energías.
Por el Dr. Mario Alfredo Luna
