Corría el año 1970 en el que una intensa sequía afectaba a la cordillera central de Argentina poniendo en crisis a la generación hidroeléctrica, el riego para la agricultura y provisión de agua potable entre otras. Las soluciones que vemos hoy en la región como la cantidad de diques para el embalse de agua (regulación) han sido una expresión de la preocupación de la sociedad sanjuanina frente a la magnitud de los impactos pasados. Entre las soluciones de los problemas generados por un clima hostil no sólo se ven en los aspectos mencionados anteriormente sino también en la motivación para el desarrollo científico-tecnológico mediante la instalación de Centros de Investigación en San Juan CIRSAJ (Provincia, UNSJ y Conicet), CRICYT (Conicet), para conocer más sobre la variabilidad del clima y sus impactos.
Las soluciones que vemos hoy en la región como la cantidad de diques para el embalse de agua (regulación) han sido una expresión de la preocupación de la sociedad sanjuanina frente a la magnitud de los impactos pasados.
"LA PUERTA DEL DESIERTO"
De este desarrollo también surgió la necesidad de contar con diagnósticos y pronósticos de precipitaciones y temperaturas más certeros en esa región, la que denominamos en este artículo como "la puerta del desierto".
Se incluye en esta zona la parte central del desierto de Atacama el Norte y Centro de Chile, piso superior de la cordillera de los Andes, Cuyo, Puna Argentina, Puna Boliviana y Norte de Patagonia. Este enorme desierto está siendo afectado hoy por intensas y extensas sequías que se proyectan sobre el Trópico Sudamericano por razones debidas al calentamiento global.
Este comportamiento de gran escala se ha manifestado también en grandes cuencas hídricas laterales como la de los ríos Paraguay, Uruguay y Paraná.
Los índices de sequías anuales dentro del área analizada muestran como era una primera mitad del siglo pasado con dominio de las sequías. Posteriormente a más largo plazo, más precipitante entre 1950 y la gran inundación de los Bajos Sub Meridionales del Este de Argentina (2003, inundación de Santa Fe), y el actual periodo de sequías que ponen en jaque a la producción agrícola pampeana en los últimos 20 años, comenzando por la sequía Argentina (2005), Argentina-Brasileña (2008), la del Norte de Argentina (2011-12), 2021, y la actual 2022.
Estas sequías no se registraban desde 1987 al año 1938. Anteriormente se habían registrado unas ocho sequías con esta intensidad/área. Este concepto se debe a la relación lineal existente entre área de una sequía con su intensidad.
Dieciséis localidades de la zona árida del sur de Sudamérica utilizadas en este análisis dentro de la zona árida de la diagonal.

MEJOR MANEJO DEL AGUA
Otras sequías de menor intensidad han ocurrido en el pasado y juntamente con las más intensas que consolidaron con su impacto, al crecimiento de los desiertos. Aquí desde la cuenca del río San Juan hacia el norte se ubica un extenso desierto que ha evolucionado ante la acción de tres largos periodos secos de quince años en promedio de extensión que incluye a los lapsos 1925-1940, 1960-1975 y 2003-2013.
Ahora bien, tenemos los diques que almacenan agua durante el invierno y primavera, y de su manejo racional no puede faltar agua en la mayor parte de la provincia. Un detallado manejo del agua está en la puerta del desierto. Mediciones satelitales remotas (cobertura nívea), y mediciones en canchas de nieve permiten pronosticar cuánto sería el derrame anual de agua para generar un manejo racional durante todo un año venidero. ¿Y cómo sería el año que sigue? Los modelos desarrollados por este laboratorio indican que nos podemos anticipar en dos estaciones del año, comenzando por el verano seguido por el otoño.
Esta información, aunque menos precisas que las anteriores, nos permite correr la onda hídrica pronosticada y su partición. También nos permite acercarnos a la evolución del impacto del CG.
Existe una importante conexión entre las precipitaciones del verano-otoño con el invierno siguiente. Debemos atesorar este conocimiento para un mejor manejo del agua y aumentar el conocimiento del pasado climático con miras al presente.
Por Juan L. Minetti
Climatólogo. Director del Laboratorio
Climatológico Sudamericano
