A la izquierda de la foto, el gobernador electo de la Provincia de San Juan, Marcelo Orrego, a la derecha el gobernador en ejercicio, Sergio Uñac.

La elección del domingo pasado dejó muchas aristas para el análisis. Para los ganadores, para los perdedores y para todo el arco político. Es irrefutable, a esta hora, hablar de la conciencia cívica con que se votó en nuestra provincia. No acompañada, es cierto, por una asistencia masiva al acto eleccionario. En realidad, San Juan no fue una excepción a la regla que se viene observando en las elecciones llevadas a cabo hasta este momento. La asistencia ronda el 70%, cuando las cifras históricas marcan un 82% promedio. Pero el pueblo demostró que está atento a los movimientos de los candidatos, tanto de lo que pasa en la provincia como también a nivel nacional.

En primer lugar, el triunfo de Marcelo Orrego, al contrario de lo ocurrido previamente en Neuquén y San Luis, no se debió al "refuerzo" de militantes del oficialismo, que se saltaron de bando y se pasaron a "la contra", que fue la que finalmente ganó. 

Por caso Poggi, en San Luis, quien nunca ocultó su alineamiento con el mayor de los Rodríguez Saa, Adolfo, para el caso acérrimo enemigo de su hermano Alberto, pero terminó abrazado con Larreta una vez consumado el triunfo.

Orrego ganó con los propios, y fundamentalmente con los votos independientes de quienes no se embanderan con una ideología, sino que analizan, juzgan y miden la estatura de los candidatos. A eso es lo que llamamos conciencia cívica.

Importancia de los votos independientes 

En nuestra provincia, no hubo presencia de peronistas notorios en el equipo de Orrego. Ganó con los propios, y fundamentalmente con los votos independientes de quienes no se embanderan con una ideología. Sino que analizan, juzgan y miden la estatura de los candidatos. A eso es lo que llamamos conciencia cívica.

Otro índice de la madurez de los electores, es que no se registró una transferencia automática de votantes, en este caso de Sergio a su hermano Rubén. Por ahí decía una propaganda que "no importan los nombres, sino el proyecto", en clara alusión a la imagen poco favorable que dio Rubén en su primera aparición pública. Fue un momento, un instante, pero está visto que estos tienen un impacto, que va más allá de lo efímero de su duración. Es decir, que los nombres, sí importan. Quiero suponer que aquello fue un descuido del candidato a gobernador, pero también debe tomarlo como aleccionador. Es joven, tendrá oportunidades y puede reconvertir.

El electorado confirmó también que los cambios en la ley electoral, en este caso propulsados por el actual gobernador, con el ánimo de mejorar la chance de su candidato, no siempre son efectivos. Sobre todo cuando el ciudadano no está conforme con quién eligió para sucederlo. Y esto también revela criterio a la hora de sufragar.

Desde medios oficialistas de orden nacional, se está diciendo que Sergio Uñac está pagando su "error" de no mostrarse alineado con el cristinismo. No es cierto. Por el contrario, esa abstención de nuestro mandatario, lo tuvo siempre entre los tres primeros lugares en orden a un "presidenciable" del interior.

Electorado maduro 

Está visto que nuestro electorado, en su gran mayoría, no se deja llevar por ideologías militantes, si no que aprecia la calidad intrínseca de quien se postula, más allá de sus inclinaciones. Que es lógico que las tenga, pero no al punto de arrastrar detrás de sí a toda una provincia. Él gobierna para el cien por ciento del electorado y esa prescindencia es valorada.

Lo que ocurre, en este caso, es que el pronunciamiento de la Corte Suprema en contra de su ánimo de reelegir, al parecer lo descontroló y comenzó a descalificar al máximo órgano de la Justicia, al mejor modo del cristinismo duro. De paso, asombrosamente, también embistió contra los porteños. Raro en él. Recordemos que ante esa decisión, suspendió la elección para gobernador y mandó a votar sólo diputados e intendentes. Por lo visto, no le fue bien en la estrategia. Comparativamente, en Tucumán, Manzur acató la orden, se bajó y mandó a votar. Retuvo el poder en manos de Jaldo.

También San Juan se saca de encima el calificativo de "provincia feudal". El presunto "clientelismo" del empleo público, no ha sido decisivo a la hora de votar, como lo es en otras provincias hermanas del norte. En tal sentido, con altura el Gobernador saludó el triunfo de su contrincante y no echó culpas. Dijo que "hay un capítulo de 20 años de peronismo que debemos reestructurar" y paso seguido se puso a disposición de su contrincante para la transición.

Esto también es madurez cívica. Ya habrá tiempo para hacer un repaso de sus dos gobiernos, pero queda en la superficie que, como dijo en su discurso, deja una provincia ordenada, con sus cuentas bajo control y esto no es poco para el descalabro de la economía nacional. Es aquí, donde deben buscarse, principalmente, las razones por las cuales el electorado evidenció sus deseos de cambio.

 

Por Orlando Navarro
Periodista